Comienza la sexta reunión de la Organización Mundial del Comercio, que sobre todo debería mejorar las reglas de la economía mundial para derribar las barreras que impiden a los países en desarrollo vender sus productos en el primer mundo. Es buen día para preguntarse si nos importa realmente la pobreza. 18 millones de personas dicen que sí. Los enfermos de países en desarrollo e incluso los usuarios de ordenadores agradecerán su apoyo.
Pero el debate parece ser ahora si la OMC podrá sobrevivir a un nuevo fracaso y si la culpa de éste debe achacarse al proteccionismo de Europa o de EE UU. No son los únicos responsables, otros apoyrán estos días las bondades del libre mercado para bienes y servicios que no producen, mientras imponen barreras para proteger el producto nacional. Es la fiesta de la hipocresía.
En Hong Kong, sede de la cumbre, unos pocos llaman a desmantelar y destruir mientras otros simplemente se disfrazan, dicen que ésta es más peligrosa que la gripe aviar y tildan a la organización de antidemocrática por su método de elección. “Como la ONU o la Fifa”, responde Simon, que desde su blog está contando lo que sucede en una ciudad cuando se convierte en sede de acontecimientos como éste. A reunión de Hong Kong acuden representantes de 149 países, un grupo en el que ha sido admitida Arabia Saudí, otro país que no respeta los derechos humanos. Puede que su integración en la OMC mejore la situación, pero en el caso de China no ha servido para mucho en ese campo.