Apple han cerrado al margen de los tribunales la escalada de litigios en la que se habían embarcado desde hace meses contra Creative. Las denuncias y contradenuncias habían puesto a los dos fabricantes a las puertas de un proceso judicial que podía durar años y acabar con males mayores para ambas empresas. A fin de cuentas, no hay contienda que no se rinda con dinero y los de Steve Jobs han firmado un cheque por valor de 100 millones de dólares para mantenerse lejos de los jueces mientras que se aseguran una paz definitiva con Creative que pasa entrar en el club de empresas con derecho a etiquetar sus productos como “˜Made for iPod”™.
El origen de la bronca demuestra que la nueva economía necesita nuevos márgenes de acción: la marca asiática denunció a Apple por violar una de sus patentes sobre un sistema de navegación que la firma utiliza para “organizar y acceder a las canciones en sus reproductores”?. Vamos, que Creative cree que los iPods se manejan bajo los mismos parámetros de navegación que sus Zens y tiró de patente para arrinconar a Apple.
El litigio demuestra como la actual política de registros y patentes puede frenar la innovación tecnológica ya que las fronteras son muy finas y cualquiera puede patentar la idea más peregrina y esperar a hacer caja. Pregunten en Sony que pagó una millonada por su sistema DualShock de la PlayStation a un patentador claramente oportunista que casi logra paralizar la venta de la consola de Sony en Estados Unidos (menos mal que hay cheques para ajustar los mimbres de la Justicia).
En este caso, Apple ha dado carpetazo al caso antes de levantar polvareda, pero aún así se ha visto obligado a pagar a uno de sus competidores y darle aire en un momento complicado. La guerra de los reproductores multimedia está siendo muy cruenta y Creative recibirá este dinero como maná caído del cielo ya que atraviesa por un año complicado tras perder más del 20% de su cuota de mercado y presentar más de 12 millones de dólares de pérdidas en el último cuarto fiscal.
Así, este descontrol sobre la propiedad intelectual y su gestión, explica que las marcas se lancen a una carrera más o menos realista de patentes a futuro: pagar poco ahora para evitar pagar mucho luego.
Quizá sería más fácil prescindir de las definiciones, pero hasta que lleguemos a ese punto (o al menos a un lugar común de acuerdo), la discusión sobre “˜¿Qué es un blog?”™ promete darnos grandes momentos de entretenimiento y bronca. Sin lugar a duda las bitácoras han sido el fenómeno más pujante de la Red desde hace meses y al carro del ruido se han subido más o menos todos aquellos interesados en asociarse con esa imagen de participación, comunidad, dospuntocerismo y demás modas. El momento de tensión llega cuando desde alguna de las orillas se enarbola una bandera de condiciones para excluir a un universo de usuarios de la ola.
Por ejemplo, si cogemos las estadísticas de David Sifry, blogs, lo que se dice blogs, sólo hay 50 millones de ellos (y entre ellos muchos son puro fraude por culpa del spam). Estos cálculos se quedan en poco más que humo si miramos el último anuncio de Microsoft en el que asegura que ya cuenta con 72 millones de usuarios en su servicio de Spaces (comparen con los 300.000 de WordPress). Si a la cuenta añadimos las decenas de millones de internautas que discuten desde MySpace, la cifra no se parecerá en nada a las de Technorati.
Y aquí volvemos al punto de inicio, el de la definición. Robert Scoble, nada sospechoso de morder la mano de Redmond, se ha enzarzado en una peculiar charla “˜requisitos mínimos“™ de la que ha salido escaldado y con la pegatina de “elitista blogger de lista A”?. Era de temer, esta es su propuesta:
1) Have original content. Spam blogs that are copied off of somewhere else don”™t count.
2) Have at least 500 words of new text-based content every month. Things that look like Flickr streams aren”™t blogs, sorry.
3) Have at least two posts in at least the past 30 days. If you aren”™t posting, you”™re not blogging.
4) I don”™t care if you have comments, have trackbacks, have blogrolls, or any of that.
Obviamente no ha cosechado muchos entusiasmos entre sus comentaristas pero ha reabierto (van”¦.) la caj(it)a de los truenos. Probablemente la prueba de que la discusión de “nosotros y ellos”? es peregrina la acabe dando el dinero: MySpace podría más o menos reivindicarse como plataforma de bitácoras pero no lo hace. ¿Motivos? No lo necesita: ya consigue la promoción, el tráfico y los anunciantes apoyado sólo en el funcionamiento de sus herramientas y no el nombre con el que las engloba. Sigue sobre esta estela SixApart, que a sus plataformas más puristas va a sumar (por ahora en Beta) Vox, un servicio que se parece mucho a Spaces.
Por ahora la vara de medir quizá la siga dando eso tan intangible que es la influencia: MySpace la ha conseguido en la masa mientras que otros la reivindican en el individuo.
La RIAA (algo así como nuestra entidad de gestión local pero en Estados Unidos) emprendió hace ya un par de años una campaña feroz contra las descargas de música y las redes de P2P. De manera indiscriminada (y sobre todo masiva) han puesto ante los tribunales a centenares de personas con el ánimo (suponemos) de amedrentar a los usuarios más que de convencerlos. Desde la industria minoritaria ya se habían empezado a oir voces en contra de estas prácticas casi mafiosas y ahora (al fin) es un portavoz de las grandes el que alza el tono contra estas redadas.
Terry McBride, CEO de Nettwerk Music (sello del que han salido Barenaked Ladies, Dido, Sum 41 y Sarah McLachlan) aseguró en el marco de la primera ‘Bandwidth music and technology conference’ que los litigios de la RIAA están acabando con los músicos y el negocio que los rodea.
You should never tell the consumer how to consume your music. You should make it available wherever they want. I don’t want to dictate how people buy our music
Para McBride la solución es poner fin a la cacería y abrazar nuevos modelos como los micropagos o la promoción de nuevas herramientas de intercambio para lograr un precio, una fórmula monetaria, que haga inservible los sistemas de dudosa legalidad.

Es agosto, las jornadas laborales se acortan y las ganas de trabajar tampoco acompañan. Todo son motivos para el ocio y la dispersión. Si no quiere usted poner en peligro su puesto de trabajo, siga esta lista de consejos para simular que trabaja. Si quiere, además, dejarse mecer por la Red sin que lo parezca. Si quiere, en definitiva, no dejar ver sus navegadores abiertos a la vista de toda la oficina, recurra a este par de programas que le harán parecer enfrascado en terribles tareas. Como siempre, la comunidad al servicio de los usuarios. De nada.
YouTube (que hoy ha pasado un bache) se ha convertido en un gigante gracias a un concepto más o menos sencillo: crecer sobre la comunidad. Miles de usuarios suben vídeos que ven millones de personas que, a su vez, suben nuevos vídeos en una conversación por ahora fructífera.
Así se han creado varios tipos de visitantes de YouTube: los que producen (vídeos), los que responden (con vídeos), los que comentan y los muchísimos más que pasan el rato. Con este modelo ya han conseguido darle un meneo a la industria audiovisual que no tiene muy claro como lidiar con el fenómeno: ya no pueden abstraerse del potencial, pero el tipo de negocio sigue siendo oscuro. Algunas majors han decidido apoyarse en YouTube como medio de promoción (caso de la NBC) e incluso algunas disqueras han soltado en sus servidores jugosas primicias musicales. Todo poco a poco, todo sobre el empuje de la comunidad.
Pero el siguiente arreón, que hoy anuncia Reuters, supone un volantazo: ahora es YouTube el que suministrará los contenidos: su cofundador Steve Chen ha declarado que están en conversaciones con las grandes compañías de la industria musical para poder disponer libremente de todos los videoclips de la historia (si, todo el catálogo). Ya han empezado a negociar con Warner y EMI y esperan tener un plan de negocio de aquí a 18 meses.
Hasta ahora eran los usuarios los que hacían un uso laxo de la ley y subían contenidos, ahora es YouTube el que se convertirá en el suministrador principal para su propia red de usuarios (y, de paso, se asegura un esqueleto legal). La idea es que los vídeos musicales estén disponibles para que los usuarios puedan asociarlos a su perfil y comentarlos (como en Amazon, por ejemplo) dejando en una situación complicada a servicios específicos como Yahoo Launch o MTV y alterando de manera definitiva el modelo comunitario del web.
¿Y si hacer un videojuego fuera casi tan sencillo como subir un vídeo a Internet? ¿Y si ese juego valiese para la Xbox 360 y para PC? ¿Y si cada pequeño desarrollador pudiese vender sus títulos en la Red?
Esta hipótesis, que podría parecer marciana (visto el nivel de complicación de las consolas de nueva generación) se ha convertido en realidad gracias al último movimiento de Microsoft. Peter Moore, jefazo del área de juegos de los de Redmond ha anunciado la comercialización del kit de herramientas que usan los profesionales para crear títulos para su 360. Obviamente la caja no contiene la versión completa (que vale miles de dólares), sino un servicio de suscripción que permitirá a los mañosos ir haciendo minijuegos que podrán subir a “˜Xbox Live”™.
Peter Moore ya ha declarado que está ansioso por mandar el primer cheque a un chaval por un título diseñado con el “˜XNA Game Studio Express“™ y asegura que su intención es crear una plataforma, una especie de YouTube de los videojuegos.
Fundar una empresa con menos de 5.000 dólares y dar la campanada es el nuevo ideal 2.0. Poquísimos son los elegidos, pero algunos proyectos logran no sólo un triunfo incuestionable sino, además, convertirse en una especie de estándar ‘de facto’ para los usuarios.
Esa suerte, ese golpe de mano, lo ha conseguido digg, un proyecto que ha redefinido los usos de la comunidad y le ha dado a los internautas un canal para desarrollar un nuevo tipo de conversación. Digg ya es un modelo para muchos, una especie de nueva patente libre.
Su fundador, Kevin Rose, lleva meses llenando portadas pero tras él está Jay Adelson, su CEO, el tipo que se encarga de que todo funcione y de tomar las decisiones que descubre en este podcast muchos de los secretos del milagro. Poco dinero al principio y una labor fundamental han centrado su trabajo: convertir una buena idea en un buen negocio. Ahora, con la primera labor cumplida, parece llegar la expansión:
“The best I can tell you is Digg as a concept can be applied to other content aside from news. Just wait and see what we”™re going to apply it to.”
vía> (como no) Digg
Al final ningún medio acaba con otro, el mercado se amolda a las nuevas circunstancias y todos los nichos se reajustan. La televisión, en resumen, no mató a la radio y ahora Internet no va a acabar con nadie. Pero sin duda se empieza a notar un cambio en los patrones de consumo.
Según Ofcom, regulador de las telecos británicas, los jóvenes de entre 16 y 24 años han roto con el modelo anterior y han reducido sensiblemente la cantidad de horas que pasan ante la tele. Esta franja de edad ha cambiado siete horas de ocio televisivo por una mayor inmersión en la Red, con especial hincapié en el las redes sociales y los “˜blogs”™.
Este cambio, rápido y contundente entre los chavales, también se empieza a reproducir entre sus más mayores gracias a la masificación de la banda ancha (cuya tasa de crecimiento supera el 60% anual). Y es quizá esta democratización de la velocidad la que, al final, podría dar un nuevo horizonte a la televisión.
El modelo como tal, de programación estricta, cerrada y ceñida a unos horarios, ha sido superado por fenómenos como TiVo, los Media Centers o YouTube. Pero la facilidad para mover enormes cantidades de megas que ofrecen las conexiones actuales podría suponer una nueva ventana de oportunidad para que las cadenas de televisión sigan llegando al gran público. La sindicación, la tecnología RSS, los podcasts y los videocasts permiten un novedoso horizonte de programación personalizable, menos intrusiva y más cercana a ese tipo de acercamiento a los medios que tienen los más jóvenes.
Apenas cuatro meses después de entrar en la compañía, Niall Kennedy ha anunciado que se va de Microsoft. Kennedy, fichaje estrella del año para los de Redmond, ha anunciado en su “˜blog“™ que prefiere montar su propia compañía que seguir mano sobre mano a la espera de tener todo aquello que le prometieron.
Kennedy, que provenía de Technorati, iba a ser el encargado de coordinar todos los servicios de sindidación de Live, la nueva puerta de entrada a la Red tras MSN. Pero se ha visto frustrado en su empeño: en su entrada de despedida asegura, frustrado, que su capacidad de decisión se ha visto congelada. Tras un arranque fulgurante, ahora mismo se ve inmerso en una parálisis empresarial y prefiere salir ahora que seguir parado a la espera de que despeguen el resto de plataformas en las que Microsoft centra ahora su esfuerzo.
Detrás de esta salida se esconde otro síntoma del alarmante gigantismo de Microsoft. Un tamaño tan excesivo hace que el dinero se pierda a manos llenas y que la interrelación de sus productos provoque demoras en cadenas. Como bien dice el propio Kennedy, él es una víctima más de Windows Vista: el enorme retraso del nuevo sistema operativo de Microsoft está sumiendo a la empresa en su conjunto en una especie de letargo peligroso.

Sony no ha tenido mucha suerte con sus reproductores de MP3 y se ha visto desbancado de ese mercado por otros dispositivos con más aceptación. Pero la pelea entre los grandes parece haber saltado ya a otro escenario en el que la música no lo es todo y en el que se apuesta no ya sólo por cacharros que reproduzcan audio y vídeo sino por un “˜algo más”™.
Microsoft ya ha avisado de sus intenciones con Zune, su chisme del año con conexión para compartir música, y ahora Sony también le enseña los dientes a Apple con Mylo (My Life Online) una especie de cacharro para todo en el que la conectividad se convierte en el pilar fundamental. Este nuevo dispositivo (desvelando en exclusiva por una bitácora) se nutre de la Red para compartir archivos, pero sobre todo para comunicarse. Algo más pequeño que una PSP, el Mylo permite además usar sistemas de mensajería instantánea tales como Yahoo Messenger, Google Talk y (sobre todo) Skype. Así, Mylo se construye como un reproductor multimedia con teclado qwerty y, esto ya es una estupenda noticia, una enorme batería que permite decenas de horas como dispositivo de reproducción y siete horas como punto de acceso a la Red mediante mensajería o su navegador Opera integrado. ¿Cuál será ahora el siguiente paso de la industria?
De todas formas, no dejen caer todavía la mandíbula, Mylo sólo llegará por ahora al mercado estadounidense y además no lo hará hasta septiembre. Por ahora, mírenlo funcionando.