Estarán ustedes conmigo en que hay pocas cosas más decepcionantes que llegar a un hotel y que te intenten (y consigan) cobrar por la conexión a Internet. ¿Si no cobran por el agua caliente que les hace pensar que pueden hacerte firmar una factura por algo tan común como el acceso a Red? Misterios del capitalismo hotelero.
Pues no se crean, hay cadenas de hoteles incluso más sofisticadas en su delirio. Nuestra favorita de hoy es la cadena de lujo Westin que está negociando un acuerdo con Nintendo para, agárrense, cobrar por el alquiler de la Wii.
Sigan arqueando las cejas: su plan es facturar 50 dólares por una hora de consola a cada cliente del hotel, o (esto ya es la repanocha) 120 billetes por el uso de la Wii junto con un preparador físico que nos ayudará a jugar al tenis y los bolos.
La estupidez humana es una sima insondable. Cualquier día de estos pagaremos por la almohada.
Lo bueno de las métricas es que valen para un montón de cosas. Incluso para trazar perfiles de solidaridad. GlobalGiving es una de esas iniciativas estupendas que pone en contacto a proyectos solidarios con posibles contribuidores individuales. La plataforma es sencilla: tú dices lo que puedas dar y ellos te ofrecen alternativas para invertir tu dinero directamente desde la web.
Y claro, gracias a las herramientas de estadística se pueden extrapolar datos generales sobre los generosos ciudadanos que se rascan el bolsillo. Como es normal la mayoría de los usuarios que llegan hasta el web corren sobre un PC con Windows y Explorer y a partir de aquí empiezan las estadísticas curiosas. El resumen es rápido: los macqueros son mucho más generosos que el resto a la hora de contribuir con proyectos solidarios y se gastan casi el doble que el resto de internautas colocándose muy por delante de PCeros y, vaya, linuxeros.
El catálogo de países sin sentido del humor se amplía. Sumen a la lista a la poco democrática Indonesia que planea (no es la primera) prohibir el acceso a sitios de Internet de contenido violento o pornográfico (como si hubiese una relación entre ambos conceptos…).
El ministro de Información indonesio justifica su medida argumentando que “no hay forma de salvar el país divulgando pornografía, violencia y hostilidad racial”. Independientemente de que la lista de peligros sea caprichosa, toda forma de control de la información engendra situaciones de censura que, una vez más, en este caso se justifican con el absurdo motivo de proteger a los jóvenes internautas.
En casos como este la tendencia natural es la de sospechar de las consecuencias. ¿quién decide que es violento o pornográfico? ¿quién pone los límites? ¿Hasta donde llegará el control de acceso a estos contenidos? ¿Sobre que bases se persigue a los infractores? ¿Puede un gobierno plantearse fiscalizar lo que sus ciudadanos hacen en la Red?
La nueva normativa viene aliñada además con penas que podrían alcanzar los tres años de cárcel.
Seguro que algunos de vosotros todavía ven la tele, si, la convencional. Pero estoy convencido de que ya no miran a la pantalla de la misma forma que antes. El consumo tradicional, de orden pasivo, está dejando paso a nuevas formas de relación con una caja que escupe imágenes y deja hacer poquito más.
Una vez más la innovación llega de la mano de los más jóvenes que son los que están dotando a la televisión de una dosis superior de interés. ¿Cómo? Dándole una capa de Internet.
Según un reciente estudio realizado entre chavales cuyas edades oscilan entre los 9 y los 17 años, la televisión empieza a compartir espacio con la Red y se consume no a solas como hasta ahora sino en grupo mediante otra pantalla más: la que nos conecta a Internet.
Así, el nuevo formato de uso pasa por navegar mientras se ve la emisión por contenidos que tienen que ver con lo que se emite. Y la fórmula puede ir más allá: ver la tele y, mientras tanto, comentar la tele con los amigos en redes sociales, mensajería o correo.
El futuro pinta un cambio de jerarquías: si antes estar frente a la televisión era una actividad dominante, ahora la televisión es contenido lateral, participado, que se suma al flujo de información del que estamos disfrutando en ese momento.
¿Sabe usted a que se dedica su hijo cuando se encierra en su cuarto y hace arder el router? ¿Ha pensado alguna vez en los lugares que visita a golpe de ratón? ¿No está usted preocupado por las pautas de consumo digital de su retoño? ¿Ha pasado por su cabeza la posibilidad de que el infante de la familia haya caído en las redes del porno, los videojuegos y la compulsión internetera? Pues relájese, quizá su menor sólo se pasa las horas refrescando la portada de Menéame. Algo similar le ha ocurrido a un atento padre norteamericano que, alertado ante la posibilidad de que su cachorro estuve atrapado entre las zarpas del porno y a punto de desencadenar un nuevo ‘Columbine’ se metió a espiar en el ordenador de su vástago para descubrir, incrédulo, que el origen de sus desvelos no era una rubia neumática sino Digg, un muy poco sensual agregador social de contenidos. Sin duda los tiempos están cambiando… Cuando todo apunta a que los chavales están llenando sus pantallas de piel, resulta que andan liados valorando noticias.
Por cierto, la noticia la encontramos en Digg…
Piense conmigo ¿Cuánto tiempo ha perdido hoy navegando por Internet de enlace en enlace? ¿Qué porcentaje de su jornada laboral se ha esfumado en nimiedades digitales? ¿Estaría dispuesto a auditarse a usted mismo para sacar sus rutinas de uso de la Red? Es más ¿Accedería a controlarse?
Si usted necesita enfocarse un poco más en su trabajo o si, directamente, quiere ver cuanto rato invierte al día en saltar de página en página, tenemos lo que anda buscando. En MakeUseOf acaban de publicar un listado con las cinco mejores aplicaciones para calibrar cuanto tiempo malgasta al día en Internet. Medidores de rutinas de navegación, programas que hasta generan gráficas de comportamiento, herramientas para calibrar sus rutinas delante del ordenador e incluso bloqueadores de tentaciones si su carne es finalmente demasiado débil.
Disfruten del paquete, nosotros seguimos navegando.
Sólo había que dar con la fórmula y de nuevo es Apple el que lo ha logrado. Desde hace ya años llevamos en el bolsillo cacharros sofisticadísimos que apenas si usamos. El ratio de uso de los reproductores de música, los navegadores web y demás servicios de Internet en terminales convencionales o smartphones es casi despreciable. Son incómodos, poco intuitivos y confirman la sensación de que al final apenas si hacemos cuatro cositas con el móvil y en cambio llevamos un arsenal de herramientas que lo que provocan es frustración.
El paso necesario era hacer estas funciones sencillas, amables y accesibles sin pasos intermedios. El paso necesario era, sin duda, el iPhone. Según un estudio de M:Metrics, el 84.8% de los usuarios del terminal de Apple navegan desde el su iPhone frente al pobre 13.1% que lo hace desde su cacharro convencional o al escaso 58.1% que padece los navegadores de móviles como la BlackBerry y el resto de smartphones.
La distancia entre el móvil de Apple y el resto del mercado de telefonía es similar en el uso de buscadores o consumo de vídeo y se amplía si lo que buscamos es ente los melómanos. Siete de cada diez propietarios de iPhone escucha música con su chisme, un ratio descomunal comparado con el mínimo 27.9% de usuarios que disfrutan de sus canciones en otros terminales avanzados.
La clave por tanto no estaba en llenar el cacharro de servicios, sino en dedicar el esfuerzo a comprender al usuario y hacerle usable cada herramienta. Garantizar una experiencia de uso satisfactoria consolida la tecnología y disipa la frustración de tener cosas que no usamos. El iPhone no es el terminal con más servicios ni de lejos pero si es la plataforma que hace más hincapié en la mejor experiencia de cada una de ellos.
¿Cómo consiguió usted su último trabajo? ¿Tuvo que mandar su cv? Dice Seth Godin que si lo hizo es que quizá no es usted una persona espectacular y destacable.
Según la teoría de Godin, los mejores candidatos para ocupar un puesto no necesitan llevar por delante un papelito con su formación y su historial ya que simplemente destacan sobre el resto gracias a los méritos que les preceden.
Dice Godin que enviar un cv por correo electrónico es abrir la puerta al rechazo y que a lo que hay que aspirar es a una reputación previa, unas estupendas cartas de recomendación, un blog de referencia o un sofisticado proyecto que sirva como credencial.
Si no tienes nada de esto, Godin dixit, quizá es que no eres candidato para uno de esos perfiles sobresalientes. Independientemente de que no todos los trabajos son iguales y que Godin se pasa de entusiasta, si empieza a ser verdad que un cv es una herramienta bastante pobre para entablar un comienzo de relación laboral. Ya son varias las empresas que no aceptan esta forma de promoción personal y reclaman elementos más personales para seleccionar a su personal tales como perfiles en plataformas, blogs, cuentas de favoritos y demás herramientas de valoración de candidatos.
Pero la fórmula quizá todavía no sea válida para la generalidad del mercado labora. Si se puede acertar con un candidato ajustándose a su presencia en red si la empresa de destino es, por ejemplo, una tecnológica. La ecuación no parece válida si lo que se busca es, por ejemplo, un arquitecto.
Tim Berners Lee lleva aquí desde el primer día, ha visto nacer Internet hasta este punto fascinante en el que ya somos nativos digitales viviendo en red. Su visión ahora es clara, mantiene su apuesta por la web semántica como ese conjunto de hilos que nos ayuden a movernos por el entorno sin saltos de lenguaje, plataforma o herramienta.
Para Berners Lee “se trata de crear una web sin costuras de todos los datos de tu vida”. La idea pasa por lograr “etiquetar” cada porción de información para que pueda conectarse de forma directa en una estructura constante de datos.
En una entrevista para ‘The Times’, el padre de Internet describe este escalón como el paso superior a los buscadores, ya que no se trata sólo de encontrar información, sino de tejer los vínculos entre estos datos y, sobre todo, ponerlos en relación para hacerlos relevantes y útiles al usuario. Imaginen, por ejemplo, una pasarela semántica entre su historial bancario y su calendario que pudiese trazar gráficas de gastos, ingresos y movimientos combinando las dos herramientas. En un universo ideal podríamos sumar a la mezcla nuestras fotos, por ejemplo, y así recordar exactamente cuando y dónde hicimos cada desembolso.
Y así, Berners Lee dibuja un futuro para la Red que no pasa por la vía única de los colosos empresariales que guardan nuestros datos sino, sobre todo, por la mezcla entre plataformas y la importancia de las herramientas más pequeñas que sirvan para desenredar las costuras de nuestra vida digital.
Es, sin duda, la mejor forma de definir en serio el metaverso.
A muchos nos pasa. Seguro que a ustedes también. Cuando vemos un espectáculo de magia, más allá de la fascinación por el espectáculo, nos queda la duda por resolver truco. Pues a mi me ocurre lo mismo con Google, que me encantaría conocer el truco y poder colarme en los entresijos del gigante para saber como lo hacen. Lo de ser un coloso, me refiero.
Y a veces hay suerte y el destino (o un blog, que tiene menos misterio) nos ofrece la posibilidad de echar un vistazo por la mirilla y conocer como funciona el bicho por dentro.
Uno de los responsable de Google dio a conocer a lo largo de una presentación el conjunto de herramientas internas que manejan los empleados de la compañía para ser más eficaces.
Servicios como ‘Google Projects’, un escritorio remoto con gestión de tareas, o ‘Google Ideas’, una especie de foro para valorar futuros proyectos, Moma (la intranet de la compañía) y finalmente ‘experts’, una base de datos y búsqueda interna en la que encontrar a la persona adecuada para cada duda forman el conjunto de aperos que los empleados de Google tienen a su disposición.
Cuidar los entornos de trabajo hace que una compañía sobresalga sobre las demás, la mística que rodea a Google va siempre en este sentido: un horizonte laboral que anima a la excelencia y potencia las sinergias entre compañeros. Esta es una parte del truco, ahora sólo queda confiar en que alguna de estas aplicaciones privadas acaben saltando al gran público. A mi me encantaría probar algunas.