Mucho wifi, mucha conectividad sin interrupciones, pero yo cada vez llevo más cables encima. Miren su mochila de las vacaciones por ejemplo: seguro que acumulan cargadores, cables de datos y demás hilos todos incompatibles entre si y todos aparatosos.
Además ¿para que valen todos estas cuerdas de colores con sus puertos diferentes? HDMI, FireWire, RJ45… una ensalada de alambres con muy pocos estándares. Un engorro.
A la espera de que todas las marcas de electrónica de consumo se pongan de acuerdo en apenas un par de cables y sólo un par de puertos, pueden pasar ustedes por aquí para ver para que sirven las maromas que se acumulan tras la tele, entre su portátil y la pantalla y en la bolsa de viaje.
Ganar dinero siempre ha sido complicado a menos que usted sea concejal en Marbella. Si hablamos del mercado de los videojuegos, la complicación se hace sideral… a menos que estemos hablando de Nintendo. La compañía japonesa ha logrado desarrollar un modelo de negocio basado en llevar a Mahoma a la montaña: encontrar un público objetivo allí donde no lo había con juegos llamativos y relativamente sencillos de jugar.
Si a esto sumamos que la compañía no pierde dinero fabricando consolas, ahí tenemos el honorable resultado: Nintendo es la única desarrolladora de videojuegos que se lleva la palma en ganancias y que además se pone a la cabeza en cuanto a beneficios a lo largo de un año. Todo esto según un estudio financiero hecho por la revista Edge, que analiza cómo se maneja el dinero en 20 compañías diferentes.
Y ahí es donde se ve el liderato en el mercado, porque aunque Sony o Microsoft vendan mucho, su márgenes de beneficios y pérdidas dan verdaderos escalofríos. ¿Toca olvidarse de ese público especializado y dirigirse a ese nuevo target masivo? Nintendo lo ha visto claro, aunque es probable que a estas alturas ninguna de las otras dos empresas se atrevan a hacerlo: sus máquinas son mucho más avanzadas -y por tanto cuesta más producirlas- y hay que explotarlas a conciencia con juegos complicados, que necesitan dedicación y más de 60 euros en los bolsillos.
Pues si, el marketing va tomando caminos cada vez más peregrinos. Sumen al panda rojo del Nepal y al aceite de girasol dominicano un billete hacia la inmortalidad y verán como efectivamente hay dinero para invertir en promoción, pero lo que escasean son soportes innovadores. Porque no me dirán que un billete a la inmortalidad no es un pedazo de oferta.
Bueno, realmente no es para tanto. Verán Richard Garriott, el legendario diseñador de videojuegos de cuyas meninges ha salido ‘Tabula Rasa’ se va a dar un paseo espacial. Garriott será uno de los afortunados en subir a la Soyuz y, puestos a hacer el viaje, qué menos que llevar compañía.
La idea de Garriott (tampoco se amontonen) es que los jugadores de su título se sumen a la ‘Operación Inmortalidad’ cediendo su ADN para que este sea digitalizado. Así Garriott podrá llevarse al espacio una cápsula con los códigos genéticos de sus seguidores, a los que promete alcanzar las estrellas.
Menos es nada.
¿Cual es la mejor forma de llegar a tu público objetivo? Descubriendo cómo entrar en su casa. Eso no es nada fácil, y en Internet suele ser una tarea que conlleva consistencia, buen trabajo y muchísima suerte. Pero hagamos un punto y aparte: hay ocasiones en la que gran parte de tu target no se encuentra en la red. Es el momento en el que hay que olvidarse de MP3s gratuitos y el “paga lo que quieras”, es justamente el momento en el que a un creativo se le ocurre la gran idea… ¿Y si regalamos el disco a todo aquel que compre una botella de aceite de girasol?

Probablemente a este lado del charco no pasaría de ser el chiste de la semana. En República Dominicana es una reseñable acción de marketing musical. Desde ahora, además del amor, los CDs también entran por el estómago. El aceite vende gracias al impulso musical, y el disco se mantiene en movimiento en un mercado conformado por un público que probablemente no habría ido a la tienda a buscarlo y mucho menos lo habría bajado de Internet. Y créanme, la acogida se puede superar: sólo hay que esperar a que algún artista se anime a regalar su disco con alguna marca de ron.
Habría que ver cómo se las arreglaría más de un gran gurú de Internet si tuviera que ganarse la vida en el “tercer mundo” económico.
1. Olvídese de proteger sus canciones como si se trataran de una hija de 16 años. Tarde o temprano, alguien las publicará en internet. Probablemente sea semanas antes de que el disco llegue a la tienda u horas después de estar a la venta.
2. Hágase el progre, aprovechese de la admiración que se tiene por la gente que comparte. Fue la mejor prensa para In Rainbows, ese disco de Radiohead que es el mejor ejemplo de marketing musical de todos los tiempos.
3. Invéntese algo con los MP3s de por medio. En realidad no es nada nuevo: los artistas independientes -esos que saben lo que es el hambre- llevan colgando sus canciones desde hace años. La novedad es que ahora son los famosos los que van de progres -remítase al punto número dos-.
Radiohead hizo el “pague lo que quiera”, Prince lo regaló con un periódico, Coldplay liberó su primer single y ahora Pretenders regalarán una canción cada semana hasta el 23 de septiembre. Es la fecha en la que sale a la venta Break Up the Concrete, el nuevo disco de la banda.
Está claro que Internet es el futuro de la promoción musical: se amplía el target sin entrar en problemas de distribución territorial, y la prensa especializada suele dar muchísimo bombo a estas noticias. Eso sí, si usted no es un músico famoso, haga lo mismo y encomiéndese a todos los dioses. Algún día llegará su oportunidad.

Más de uno de nosotros, nos hemos creído el Rob Gordon de Alta Fidelidad: especialistas musicales capaces de crear fantásticos recopilatorios que dotaran de una banda sonora a cualquier momento. Hasta finales de los 90, aquellas recopilaciones se hicieron en las inolvidables cassetes.
A día de hoy, está clara la muerte del formato -rebobinar con un bolígrafo nunca fue un buen método-. Ya ni en las gasolineras se encuentran las entrañables cassetes de flamenquito y chistes de Eugenio.
Pero desde hace unos meses el boom del formato ha vuelto a internet, aunque de una manera simbólica. Primero fue Muxtape, un servicio que permite hacer recopilaciones musicales como las de antaño, aunque con URL propia y en base a los archivos MP3 que pueden subirse a este invento de Justin Ouellette. Mientras crece como la espuma, más de uno reza porque la industria musical no se encapriche con el cierre de un servicio que se antoja fantástico para descubrir nueva música y que incluso podría servir para venderla. Mientras sólo permita el streaming, crucemos los dedos… aunque siempre hay quien encuentra el atajo más cercano a la descarga.
La reputación, la fama, los enlaces entrantes, todos esos alimentos de la vanidad. En esta construcción permanente del yo a la Red, en esta constante redefinición de la identidad en el metaverso hay algo importantísimo: medírsela con el resto a ver quién la tiene más relevante. La celebridad, claro.
Pues queridos lectores, traguen saliva y pasen por aquí. Wired acaba de sacar su medidor de fama para que pueda usted no sólo puntuarse sino compararse con el resto de sus amigos bloggers.
Por ahora los factores en consideración para hacer el ránking y sacar las puntuaciones son pocos, su blog, el dichoso twitter y myspace. Seguro que irá afinándose con nuevos sabores como los amigos en redes sociales, las foticos en flickr y todos esos sabores del yo digital.
Por ahora ya da sorpresas. Comparen, comparen.
Si amigos, ya es casi agosto y yo sigo sin lucir inmejorable para pasear en trikini por la playa. Mi plan intensivo de gimnasio no es la panacea, asumirlo es abrazar una pequeña derrota calórica que la tecnología puede salvar. Y no me refiero al dichoso WiiFit.
Los muchachos de Lifehacker, que tampoco deben de ser grandes amantes del deporte, han publicado un excelente repositorio de todas las ayudas que un ser sedentario y bloggero como usted puede encontrar en la Red para afrontar el resto del verano con un mejor perímetro. Planes de entrenamiento online, sistemas de mapas para ver la evolución del entrenamiento, métricas de resultados, un montón de incentivos para sudar lejos de la pantalla.
De nada, todavía estamos a tiempo de tomar las playas al asalto (con dignidad).
Uno espera de quienes tiene que guardar por la seguridad nacional un celo exquisito y una prudencia por encima de la media a la hora de proteger la información sensible. Pero claro, humanos somos todos y quien más quien menos tiene un día tonto.
Según ha tenido que revelar el ministerio de Defensa británico desde 2004 sus agentes y trabajadores han perdido (o les han robado) 658 ordenadores portátiles. La cifra se ha dado finalmente a conocer después de que la semana pasada pasada en Liverpool otra de sus máquinas se despistase de su legítimo propietario.
Pero no se lleven las manos a la cabeza, que tampoco es para tanto. A lo largo de los últimos años el ritmo de “pérdidas” ha ido mejorando y cada vez desaparecen menos ordenadores. ¿Ven? Siempre hay un motivo para alegrarse.
El ministerio tiene ahora mismo unos 35.000 equipos portátiles desperdigados (y bajo control) de los cuales 13.000 están totalmente encriptados y 12.000 no lo están en modo alguno. Un portavoz del organismo ha aliñado estos guarismos asegurando que sus agentes están trabajando para encriptar completamente el parque de ordenadores y evitar así más sustos cuando uno de sus muchachos se deje el maletín en una cafetería (o algo así).
Por cierto, del parque total de portátiles descuidados (sumen robados y perdidos) sólo 32 han sido recuperados. También es mala suerte.
El destino es así, juguetón. Cojan a un delincuente juvenil, Tamien Bain por ejemplo. Un chaval que con 14 años entró a punta de pistola en un McDonalds para robar el local después de mantener retenidos a sus clientes pero al que el atraco le salió mal. Métanlo en la cárcel. Algo así como 12 años a la sombra después de ser juzgado como un adulto. Ahora saquen del trullo al angelito y pregúntenle si le siguen gustando los BigMacs. La respuesta es que si.
Ahí donde lo ven, Tamien Bain lleva camino de convertirse en la estrella del año para McDonalds. Las luminarias del marketing de la cadena de comida rápida idearon un concurso para relanzar la imagen de la marca y, ya de paso, buscar un nuevo jingle (una cancioncita) para su hamburguesa estrella.
¿Algo innovador? No, no hace falta. Mejor un concurso en MySpace. Y así recibieron un montón de temas de entre los cuales un jurado de expertos escogió las cinco canciones que se someterían al juicio popular para escoger el nuevo ritmo del BigMac.
Efectivamente, entre los cinco elegidos está nuestro amigo Tamien Bain, que ha aprovechado su paso por la sombra para convertirse en una incipiente estrella del hip hop. Ustedes lo saben tan bien como yo: Bain va a arrasar en las votaciones. ¿Se les ocurre mejor forma de redención?
(Eso si, el jingle es un asco)