Ya saben ustedes, estos señores de la industria de la música andan muy entretenidos buscando un formato al que agarrarse. Agotado el CD, hay caminos absurdos como el de las tarjetas de memoria que, obviamente, no van a funcionar y, sobre todo, muchos nervios.
Y a la espera de una vía de negocio que compense la ruina de vender plástico en vez de hacer mercado alrededor de la música y los artistas, las discográficas no tienen muy claro quien debe de pagar la fiesta.
Sin duda uno de los caminos más interesantes es el hermanamiento con el verdadero coloso del mundo del ocio: el segmento de los videojuegos. Tras éxitos contrastados (como la cancioncita que sonaba en el anuncio de Gears of War que devolvió a Tears for Fears a las listas de éxitos o las emisoras integradas en GTA y su estrecho vínculo con Amazon), el siguiente paso ha sido una victoria rotunda: Guitar Hero o Rock Band son la prueba evidente de que el negocio de la música está en un momento estupendo.
La pregunta que queda todavía en el aire es quien merece la tajada más grande. ¿Las discográficas por compartir el catálogo o las desarrolladoras de videojuegos por devolver el oropel a bandas como Aerosmith?
Los artistas lo ven claro (sus ventas tras aparecer en un juego se multiplican) y apuestan cada vez más por estrenar nuevos temas en títulos de esta índole y el futuro parece despejado gracias a la integración de las consolas con Internet que permitirán un flujo constante de novedades.
Pero no se confíen, cuando un acuerdo funciona siempre hay alguien dispuesto a estropearlo. Por un lado algunos ejecutivos del lado musical quieren embolsarse más dinero por esta nueva vía de explotación y, mientras tanto, los responsables de los botones están convencidos de que ustedes los jugadores no compran los títulos por las canciones sino por lo molón que es aporrear una batería de plástico. Ya verán como esta disputa nos reserva todavía algún acorde fuera de tono.
Cierto, la falta de recursos agudiza el ingenio. Si hablamos de la creatividad y la imaginación que surge en medio del surrealismo mágico latinoamericano, las soluciones para determinados problemas suelen ser dignos de reseñar. Del país creador del “vendo mi disco con aceite de girasol”, ahora llega la antena WiFi que deja cualquier invento de McGiver en pañales. Amantes del DIY, aprendan…
Allí, en medio de la modestia más extrema y un silencio que abruma, Jean Carlos no percibe la distancia y los kilómetros que, según la gente, lo separan del mundo moderno y globalizado. Mientras haya energía eléctrica, él está conectado a Internet y a todas las herramientas que ofrece sin pagar un centavo. La antena que le proporciona conexión, compuesta por una pequeña olla de aluminio vieja, un cable y un pedazo de cobre, está en la cima de una mata de coco de unos 40 pies de altura, tal vez más. El mismo se subió a conectarla. ¿Cómo lo hizo?
Más de uno quejándose porque la fonera se le derrite y resulta que una olla resolvería todo. La historia de Jean Carlos es la de miles de muchachos que en otras coordenadas correrían con una mayor suerte. Lo realmente interesante de la historia es llamar la atención de administraciones que con un mínimo esfuerzo podrían aprovechar y enriquecer el talento y las inquietudes de su juventud.
La próxima vez que se quejen porque en el aeropuerto les cobran el WiFi a precio de riñón, o porque el vecino protegió su conexión; piensen que a miles de kilómetros hay quien se saca las castañas del fuego como puede: con una olla de aluminio.
Está clarísimo. Cada día nos da muchísima más pereza descargar contenido de la red. Normalmente, si lo haces pagando, la velocidad de descarga suele ser agradecida; en caso contrario hay que armarse de paciencia. Pero eso sólo está disponible en tu ordenador o en tu MP3, al menos sin tener que sudar con tortuosos métodos de reproducción en remoto. Si hablamos de música además entra el factor ego: normalmente quieres enseñar tu playlist al mundo.
Esto último fue el gran éxito de Muxtape… el mismo que terminó por matarle dada la cabezonería, ignorancia y lo rancio de la industria musical estadounidense y sus gestoras de derechos. Favtape ha entrado al quite mejorando muchísimo su interfaz y añadiendo interesantes opciones al servicio. Y además ha surgido esa gran bendición del Twitter musical: Blip FM.
Al utilizar estas dos opciones, hay que tomar en cuenta que tienen una limitación importante: la base de datos de la que se nutren no es infalible. Ahora bien, la pregunta es ¿dónde encontramos un repositorio de canciones tan grande como variado? La respuesta no está en audio… está en vídeo. Sí, en YouTube. Bajo esta premisa nace MixTube, otra página de mixtapes, que se nutre del audio de los vídeos de la plataforma de Google.
Cierto, el audio de YouTube no es una maravilla. Pero algo es algo, sobre todo para aquellos que no tienen servidor propio en los que montarse su OpenTape. Ahí va mi top 5 de playlists favoritas en MixTube, para que no lleguen en paracaídas:
1. Favorite Mashups
2. Greatest Dance Hits of the 90’s
3. Thats That Fire
4. Cover Songs
5. Indietronica
cositalinda_82, pacopocero_162 o tomadaca47, son nombres de usuario terribles. En eso deben darme la razón. Pero a estas alturas, en las que todo el mundo es modernísimo y se apunta a todos los novedosos servicios de internet, lo de tener un nombre de usuario normal se complica cada vez más. Esto no tiene remedio.
Por otra parte, es un verdadero incordio tener que utilizar un nombre diferente para cada servicio. A este paso, lo mejor es hacer una comprobación previa de los sitios en los que aún se encuentra disponible. Eso ya no es tan complicado luego de la aparición de User Name Check, una página web que permite introducir un determinado nick y devuelve como respuesta su disponibilidad o no, en varios sitios y redes sociales.
Es una de esas páginas sencillas pero con una gran utilidad: introducir un nombre, hacer clic y listo.
Si vas a sacar algo online, una aplicación, una página, una herramienta, un servicio, no lo pienses demasiado y lánzalo ya. Dar demasiadas vueltas a los proyectos suele corromperlos y es mejor que sean los usuarios los que juzguen y luego tu vayas ajustando el engranaje.
Pero sin pasarse, claro.
Fíjense en Google por ejemplo, que tiene 49 productos (y usted que pensaba que sólo era un buscador) y casi la mitad de ellos se mantiene en ‘beta’, vamos en modo de pruebas. Por ejemplo Gmail (esa herramienta de correo sin la que su vida sería un desastre) es un servicio con 4 años de antigüedad y, todavía, mantiene esa bonito ‘beta’ junto a su logo. ¿Demasiado tiempo en estado de prueba? Depende de los estándares de calidad y del tipo de mejoras que haya planificadas. Pero sin duda incide en una tendencia: la dialéctica de ‘versiones’ para el software ya no tiene sentido cuando puedes ir actualizando el producto sobre la marcha.
Sácalo ya, si lo mareas será peor. Y además, la etiqueta de ‘beta’ le da ese estupendo sabor ‘dospuntocero’ que tanto gusta a los tecnófilos.
Literal, resulta que escribimos y leemos más de lo que hablamos. Bueno, nosotros no, los americanos. Dice Nielsen Mobile que los usuarios de telefonía móvil son más propensos a intercambiar SMS que a llamarse.
De media, un norteamericano recibe o hace unas 204 llamadas al mes, muy pocas comparadas con los cerca de 357 mensajes que intercambia. Y la tendencia además es favorable al texto: si bien la media de llamadas se ha mantenido estable a lo largo de los últimos dos años, el flujo de SMS se ha multiplicado por 450% desde comienzos de 2006.
Los principales impulsores de este fenómeno son, lo podían ustedes imaginar, los adolescentes que apenas si hacen uso de los servicios de voz y en cambio manejan una media de 1.742 mensajes al mes. (¿Cómo les dará tiempo a tanto?)
Así que ya saben ustedes, eso de que los jóvenes no leen es una patraña. Y además escriben muchísimo.
“El mundo de los hombres se deshace” decían en El Señor de los Anillos, y lo mismo podría decir cualquier jugón de toda la vida ante la constante transformación del mercado ante los inventos derivados de la Wii de Nintendo. Cuando ustedes creían que no se podía popularizar -vulgarizar, dirán algunos- el uso de una consola, vamos y nos encontramos con esta joya, propia de una teletienda a las 3 de la madrugada…
Ahí lo tienen. Se trata del Jillian Michaels’ Fitness Ultimatum 2009 que saldrá en el último cuatrimestre del año para la Wii. Quizás el chiste habría ganado si estuviese protagonizado por Chuck Norris. Aunque no hay que negar que cumple a la perfección con el anuncio de cacharro gimnástico de teletienda: señorita de abdomen venerable que tiene toda la pinta de desnudarse en cualquier momento del comercial. Claro, nunca lo hace.
¿Que me centre en el juego? En serio, ¿creen ustedes que es posible analizar los resultados de tal catástrofe? Y no, no diré que ya he visto todo: les recuerdo que incluso se puede “aprender” a cocinar con la Wii. Esto sí que es una revolución…

¿En manos de quienes estamos? No sé si ustedes salieron ayer a comprar el periódico (el de papel, digo) y si, además, se atrevieron con el Magazine de ‘El Mundo’. De ser así seguro que están tan estupefactos como yo con el reportaje que publican sobre Mariano Rajoy.
Independientemente de su (cuestionable) gusto musical, yo sigo preguntándome en que planeta vive este hombre. En ninguna de las fotos que acompaña al texto (ni en ninguno de los párrafos sobre el líder del PP) se hace referencia a ningún tipo de relación con Internet. No se ve un móvil (y confío en que lleve al menos una BlackBerry) y, lo que es más grave, en su mesa de trabajo no hay un ordenador, ni una triste torre, o una pantalla de tubo o un decorativo portátil. Este hombre trabaja, y se repite varias veces, sólo con trozos de celulosa.
Al rato de nuestra llegada al hogar, Elvira bajó al «zulo». Su marido se había sentado al escritorio. Examinaba la documentación con la que prepararía su réplica a Zapatero, tras la comparecencia del presidente en el Congreso (el pasado miércoles ?0) por la crisis económica. Rajoy desplegaba papeles, datos, recortes de prensa. Resulta extrañamente humano ver a un político atareado con los deberes, en su casa.
«Esa mesa donde trabaja se la compré por su cumpleaños, hará unos ocho años. Le tiene cariño. Pero en ella hace los discursos pequeños, eh, para los grandes tiene que subir al salón –allí redacta sobre una mesa cuadrada, junto a un armario rústico asiático–, porque en esos casos necesita mucho espacio, y reúne muuucho papel».
Papel, papel, papel. ¿Rajoy no maneja Internet? ¿No se documenta en la Red? ¿No usa correo electrónico? ¿En serio? Hay veces en las que uno prefiere pensar que sea cosa de parecer más cercano y que todo se deba a un asesor de imagen medio incompetente. De otra forma el resultado es pavoroso: el máximo dirigente del principal partido de la oposición vive en el siglo XIX. Miren su escritorio, nada hace pensar que la electricidad haya entrado en su vida. De Internet ya ni hablamos…
Miren, Internet nos ha resuelto la vida de una manera prácticamente indecente. Es que prácticamente no hay nada que no podamos hacer a través de la gran red de redes, tanto en el ámbito social como en el más perverso de los aspectos. Si hasta en lo profesional nos permite desarrollarnos como grandes profesionales en pijama. ¿Que tiene el sueño de dirigir un gran emporio desde el sudado envoltorio de sus sábanas? Pues ya no hay excusa para no hacerlo.
Mashable -sí, siempre son ellos- nos presenta un extensísimo listado de herramientas que le permitirán sacar a flote ese negocio online con el que ustedes sueñan: calendarios, presentaciones, networking, lista de tareas e incluso palabras mayores y prácticamente inexistentes en estos “negocios de dormitorio”: recursos humanos y gestión de contratos. No falta de nada.
Así que vaya pensando qué quiere montar: el público espera, eso sí, hay que saber cómo engancharlos. Eso más que cuestión de herramientas, es cuestión de talento.
Buceando por un montón de Tumblrs, hay algo que me llama la atención: la frescura del contenido y cómo se presenta. Me lleva a unos 5 años atrás, cuando los blogs fueron frescos instrumentos que terminarían por plantarle cara a los medios de comunicación tradicionales. Tras esta gran popularidad, descubrir que se podía ganar dinero de los blogs e incluso crear un star system basado en la influencia y en las estadísticas… ¿Creen ustedes que se ha mantenido la frescura y la originalidad? Ustedes dirán: Negro, por favor, claro que sí. Y entonces yo les invitaré a leer unos 10 blogs sobre tecnología, software o gadgets…
Escribir en un blog era fantástico cuando no estabas sujeto a ningún tipo de regla editorial, cuando no había una estructura determinada que seguir. Pero amigos, a día de hoy, parece que todo el mundo quiere hacerse popular, ganar dinero, fardar de influencia y de -curiosamente- llamar la atención de los medios tradicionales. Y ustedes dirán: Negro, si tu eras de los primeros en hacer eso. Y entonces yo escupiré una de las reglas del Manifiesto de Bruce Mau: Permite que los acontecimientos te cambien.
¿Saben qué? Me resulta desesperanzador que un medio que se suponía fresco ahora encaje a todo el mundo en determinadas reglas de marketing barato. Se supone que esta era una revolución, pero a mí me deben estar engañando. Por veinticinco pesetas, díganme al menos tres blogs -sobre todo en castellano- tan originales como el encantador 1001 rules for my unborn son. Y ustedes me responderán: Negro, mira estos, que son muy buenos. Y yo lo agradeceré de corazón, porque a estas alturas los episodios de farándula bloguera, guruísmo y MBAs en base a Page Rank, me tienen hartito.