Two typographers ( Pierre & Damien / plmd.me ) and a pro race pilot (Stef van Campenhoudt) collaborated to design a font with a car.
Vía digilicious | vimeo
Que les voy a contar a ustedes sobre el exigente mundo de la publicidad. Apenas unos pocos segundos para trasmitir los valores de una compañía y diferenciarla de su competencia. Un par de trazos para distinguirse y consolidar una imagen única.
O tirar por el camino fácil y copiar. Que rara vez se nota.
Fíjense en estas dos campañas de BlackBerry y de Apple. No se dejan llevar por sus gustos musicales y jueguen conmigo a las siete diferencias. Efectivamente, no las hay.

Lo más sorprendente del resultado publicitario es que los de Bono se pasaron a RIM precisamente para buscar una diferencia.

Comprar discos dejó de ser una experiencia gustosa para convertirse en una transacción cuando las cajas de los CDs empezaron a contener sólo un trozo de plástico. Nos escatimaron el libreto y pasó a ser una buena idea bajarse la música de Internet.
A comienzos de los 90 estuve en un concierto de los Rolling Stones en el Vicente Calderón. Guardé la entrada de aquel evento durante años en mi cartera y tenía un cajón lleno de tickets de Jane´s Addiction, Depeche Mode o los Pixies. Cada uno diferente de las otros.
Me acordé leyendo a Nacho:
Las entradas de conciertos no son un producto de los proveedores de ticketing sino todo lo contrario, las empresas de ticketing existen porque la gente compra entradas y detrás de eso, está la pasión emocional de muchísimas personas para la cual cada actuación es un momento irrepetible y especial en la vida. Las soluciones tecnológicas, ahorran tiempo, son cómodas y son rápidas; pero en algunos casos dejan al ser humano y a sus sentidos fuera del escenario.
El otro día compré una entrada en entradas.com. Sin entrar en debates de experiencia de uso, el sistema funcionó. La única manera de conseguir físicamente el ticket era en un cajero de CajaMadrid. Cual fue mi gran decepción al encontrarme esto:Un ticket de papel térmico finísimo, exactamente igual que la cuenta cualquiera de una cafetería. Máxima efectividad pero cero emoción. Nada más y nada menos que John Fogerty reducido a unos caracteres ASCII de una base de datos (!).
La entrada es imprescindible para nostálgicos.
Ese ticket frío y desangelado habla el lenguaje del ingeniero, del empresario y del político no el de un ser humano que tiene sentidos y emociones.
Lo de la identidad en Internet todavía tenemos que pulirlo un poco más. Ya que si yo me llamo como me llamo ¿debería tener control sobre mis dominios verdad? Pues no, depende de la fe del usurpador.
Y así, por una cuestión de interpretación moral, se ha quedado Bill Clinton sin varios dominios relativos a su nombre ya que el tipo que los registró (y los tiene redireccionados a páginas republicanas) “no actuó de mala fe”.
“Es como tener al Gran Hermano mirándote por encima del hombro” dice Andy. “Si quisieras ir al aseo y fueras tendrías que pensar ‘¿he hecho lo correcto? ¿debería haber avisado a alguien?’ añade”.
Esto es lo que pasa cuando le pones un GPS a un conductor, que los datos del dispositivo cuentan sólo la mitad de la historia y el pobre Andy ha sido despedido después de 24 años de trabajo. La denuncia ha prosperado y, al menos, ha ganado el caso.
Pero abre un debate puntiagudo: ¿en pos de la eficacia no estaremos vulnerando el derecho a la intimidad?
Annie Wagner, 15 años y estudiante laureada de noveno grado en Bethesda, Md., solía enviar mensajes de texto desde su pequeño teléfono móvil de LG tecleando tan rápido como en un teclado convencional. Hace algunos meses empezó a padecer dolorosos calambres en sus pulgares. (Recientemente ha estado usando el iPhone que le regalaron por su cumpleaños y asegura que teclea más lento pero con menos dolor).
Peter W. Johnson, profesor asociado de ciencias de la salud ocupacional y del entorno en la Universidad de Washington considera que todavía es demasiado pronto como para saber si este tipo de esfuerzos son dañinos, pero añade que “basándonos en nuestras experiencias con usuarios de ordenadores, sabemos que un uso intensivo y repetitivo de las extremidades superiores puede dar lugar a trastornos musculoesqueléticos. Así que tenemos motivos para preocuparnos. Enviar muchos sms puede conducir a daños temporales o permanentes en los pulgares.
NYTimes

Tras encontrar el otro día en casa del maestro PeroGrullo este estupendo listado de CVs originales, hemos tropezado con este alarde de ingenio.
El “amable monstruo de la crisis” está haciendo que muchas empresas se zarandeen. La agencia !!! ha apostado por esta pieza para intentar capear la tormenta. Lo que ven ustedes es la vida laboral de Jean-Benoist Werth, su fundador, desde que salió del Liceo hasta ahora que la crisis le tiene al borde del cierre.
La pieza se llama ‘HelpMe’.
La tele, las revistas o los periódicos no tienen otra opción que recurrir a la fe porque hay muy poca información sobre su impacto. En cambio, en Internet sólo tienes que poner un anuncio en una web o en Youtube para poder medirlo absolutamente todo.
Avinash Kaushik, evangelista
Si las encuestas electorales tuviesen los márgenes de fallo que tienen las empresas de medición de audiencias de Internet nadie las tomaría en serio. En cambio compañías como Nielsen o ComScore son referencia a la hora de invertir cantidades millonarias a pesar de que sus resultados sean totalmente incongruentes cuando no directamente risibles.
Hulu, la compañía emergente en el sector del vídeo en Internet acaba de retar a Nielsen a que revise sus mediciones después de enfrentarse a un escenario totalmente desquiciado: mientras que ComScore les adjudica una audiencia mensual 42 millones, Nielsen rebaja la cifra hasta los 9 millones.
Mientras que nadie explique como se puede digerir un abanico tan confuso, va a ser complicado ganarse la confianza de los anunciantes y el reto no es menor: el sector que se podría medir con más exactitud hace el ridículo asumiendo los resultados de empresas auditoras tan poco rigurosas.
El cine español se desmorona. Dice el Observatorio Europeo del Audiovisual que, pese a a ser el tercer país productor de filmes de Europa, el cine patrio sólo sedujo durante el 2008 a un 1,4% del público europeo.
Para ser exactos, ninguna producción española figuró el año pasado entre las 20 cintas más vistas por nuestros vecinos. Nuestras cifras, siendo honestos, se desploman: no sólo perdemos cuota en Europa (a este 1.4% hemos llegado tras perder casi un punto en un año), sino que tampoco nuestra producción nacional seduce en casa: España registró la mayor caída de Europa de espectadores, un 7,8% menos que el año pasado, lo que se traduce en 9,1 millones menos que en 2007.
A final los productores españoles acabaran pidiendo aparecer en redes de P2P, significará que alguien ve las películas que se hacen en nuestras fronteras.