Quiénes somos

Allá donde la Fonera no llega

Cierto, la falta de recursos agudiza el ingenio. Si hablamos de la creatividad y la imaginación que surge en medio del surrealismo mágico latinoamericano, las soluciones para determinados problemas suelen ser dignos de reseñar. Del país creador del “vendo mi disco con aceite de girasol”, ahora llega la antena WiFi que deja cualquier invento de McGiver en pañales. Amantes del DIY, aprendan…

Allí, en medio de la modestia más extrema y un silencio que abruma, Jean Carlos no percibe la distancia y los kilómetros que, según la gente, lo separan del mundo moderno y globalizado. Mientras haya energía eléctrica, él está conectado a Internet y a todas las herramientas que ofrece sin pagar un centavo. La antena que le proporciona conexión, compuesta por una pequeña olla de aluminio vieja, un cable y un pedazo de cobre, está en la cima de una mata de coco de unos 40 pies de altura, tal vez más. El mismo se subió a conectarla. ¿Cómo lo hizo?

Más de uno quejándose porque la fonera se le derrite y resulta que una olla resolvería todo. La historia de Jean Carlos es la de miles de muchachos que en otras coordenadas correrían con una mayor suerte. Lo realmente interesante de la historia es llamar la atención de administraciones que con un mínimo esfuerzo podrían aprovechar y enriquecer el talento y las inquietudes de su juventud.

La próxima vez que se quejen porque en el aeropuerto les cobran el WiFi a precio de riñón, o porque el vecino protegió su conexión; piensen que a miles de kilómetros hay quien se saca las castañas del fuego como puede: con una olla de aluminio.

30 de Septiembre, 2008 por Arturo J. Paniagua
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