No se crean los titulares, los ponemos para que ustedes sigan leyendo. La realidad es siempre más prosaica. La tecnología, ustedes lo saben, se ha instalado en todos los ámbitos de nuestra vida, pero algunos siempre hemos confiado en guardar zonas de intimidad. ¿Por ejemplo? Mis pantalones.
Pues ya no estamos a salvo, su bragueta también se va a llenar de cables si finalmente Philips decide seguir adelante con unos delirantes calzoncillos que monitorizan (virgen santísima) la actividad cardiaca del sujeto portador de la prenda.
Piensen en las posibilidades del artilugio lencero y atérrense. Y ahora entiendan que no pongamos foto del sugerente chisme.
¿Y para medir la actividad cardiaca, no sería mejor una camiseta? Vamos, digo yo.
¿Y porqué ya no me sorprende…?
Cables y más cables.