Ustedes y yo conocemos Chrome, sabemos de sus posibilidades para Google como lanzadera de aplicaciones, vemos subir los porcentajes de uso de Firefox y ya casi intuimos el final del reinado de Explorer. Ustedes y yo vivimos al margen de la realidad, claro.
¿Guerra de navegadores? Venga ya, en el mundo cotidiano ni tan siquiera ha empezado la primera batalla. Un estudio de Forrester Research confirma que en el 60% de las empresas la puerta de acceso a Internet es Internet Explorer 6.
Dice este informe que entre Firefox, Chrome y Safari suman poco más de un 20% de un mercado corporativo en el que domina un navegador anticuado y fuera de juego hace años.
¿Cómo? ¿Todavía no tienen ustedes en su flamante oficina un analista web que acompañe en modernidad a su novísima máquina Nespresso? Pues ya están ustedes tardando.
Y no lo digo yo, lo dice Pere Rovira al cual deberían hacer caso.
Mi carrera como consultor de analítica web me demuestra que las empresas normalmente:
- no saben por qué están en internet
- no saben cómo se trabaja en internet
- no conocen las herramientas con las que se trabaja en internet
Ante este panorama, es obvio que todas sus inversiones en analítica web y marketing online empiezan con mal pie.
La analítica web no es una herramienta, ni una persona: es una filosofía de trabajo. Es trabajar con la mirada siempre puesta en el cliente. Es web 2.0 en todo su esplendor.
¿Qué pasaría si todo el tiempo que las empresas dedican a la herramienta de correo electrónico lo dedicaran a las herramientas de analítica web?
El mundo sería mejor, no te quepa duda.
Pere Rovira, analista web
¿Qué nos puede llevar a abandonar el paraíso? ¿Cuantos argumentos hay para bajarse del mejor tren y buscar otras vías? ¿Quizá no es para tanto? ¿Quizá la tierra prometida tampoco lo colma todo? Vaya usted a saber cuales son los motivos que llevan a alguien a dejar Google y buscar la felicidad en otro sitio.
Si quieren leer un ejercicio de honestidad cruda, pasen por aquí y trillen los argumentos que han dado algunos ex empleados del monstruo para apearse en marcha y husmear destinos más alegres.
¿El motivo más repetido? No falla, el dinero. Podría ser más y pagan mejor en otras empresas. Otras razones sorprenden más: demasiada burocracia, mala dirección y falta de aprendizaje.
Those of us who failed to thrive at Google are faced with some pretty serious questions about ourselves. Just seeing that other people ran into the same issues is a huge relief. Google is supposed to be some kind of Nirvana, so if you can’t be happy there how will you ever be happy? It’s supposed to be the ultimate font of technical resources, so if you can’t be productive there how will you ever be productive?
¿Salir de una empresa puede afectar tanto? No se lo pierdan.
El año que comienza no va a ser fácil para la prensa de papel y, por ahora, no hay muchos indicios para el optimismo. Eric Schmidt, CEO de Google tampoco tiene soluciones a la vista. El coloso de Internet ni tan siquiera se plantea entrar en el capital de los grandes medios, consideran que no ayudaría a mejorar el modelo de negocio de las empresas implicadas.
En una entrevista (totalmente deprimente) con Fortune, Schmidt afirma que la caída de la industria mediática supondría una tragedia por su papel fundamental en la democracia y no cree que los blogs puedan llenar ese hueco. Schmidt recalca el papel fundamental de la prensa, constata el éxito del producto (“a la gente le encantan las noticias, leerlas, comentarlas, marcarlas…”), pero no ve como salvar a una Industria obviamente dañada:
“Somos cuidadosos en Google con nuestro dinero. Firmamos grandes cheques cuando tenemos grandes estrategias. Todavía no tenemos esa estrategia. Me gustaría tener una idea brillante, pero no la tengo”.
Asumida la buena noticia de que el producto no está en crisis, falta encontrar el modelo para hacer sobrevivir el soporte.
Después de años de bonanza, parece que la sombra llega a las empresas tecnológicas y toca ajustar expectativas monetarias. Dice el informe bianual de Janco Associates que el panorama en el sector del silicio es el peor desde los años 70 y en todos los rangos de empresa los salarios medios están bajando, cuando no desplomándose.
Despidos, cierres de compañías, subcontrataciones, recortes de costes… nada ayuda a subir el precio de su trabajo si usted se dedica a esto de la tecnología, un campo laboral en el que, por primera vez, hay exceso de talento desocupado y cada vez menos ofertas disponibles.
Qué les voy a contar a ustedes que no sepan: los congresos son aburridos. Y claro, por eso necesitamos Internet, para entretenernos si los ponentes salen al ruedo con más de 20 diapositivas.
Por eso cuando falla la conexión nos ponemos rabiosos. No se crean que es sólo por no poder lanzarnos a tuitear o a escribir fascinantes crónicas en directo. No, realmente es para menear la chancleta viendo vídeos de YouTube.
Llegados a este punto de exigencia, los hoteles se han puesto las pilas para satisfacer las necesidades de un nuevo tipo de cliente que no sólo revisa su correo sino que se conecta a redes de P2P y organiza sesiones en videoconferencias.
No se pierdan el reportajillo del NYTimes sobre como los centros de conferencias y hoteles están modernizándose para dar cabida a eventos profesionales y luego recuerden cuanto pagaron por una conexión pírrica la última vez que pasaron una noche fuera de casa.
¿Es por que tenemos mejor conexión en la oficina? ¿Es por que no encontramos demasiado absorbente en el trabajo? Sea cual sea el motivo la conclusión es demoledora: nos pasamos la jornada laboral brujuleando en YouTube.
Dice Nielsen que el 65% de los contenidos de vídeo se consumen en horario de oficina y una enorme mayoría en el proveedor de Google. Concretamente entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde se produce el ‘prime time’ del vídeo en Internet.
Vamos, mientras que usted y yo deberíamos estar sudando el salario, realmente estamos puliéndonos el porcentaje de productividad viendo chorraditas.
Miren, Internet nos ha resuelto la vida de una manera prácticamente indecente. Es que prácticamente no hay nada que no podamos hacer a través de la gran red de redes, tanto en el ámbito social como en el más perverso de los aspectos. Si hasta en lo profesional nos permite desarrollarnos como grandes profesionales en pijama. ¿Que tiene el sueño de dirigir un gran emporio desde el sudado envoltorio de sus sábanas? Pues ya no hay excusa para no hacerlo.
Mashable -sí, siempre son ellos- nos presenta un extensísimo listado de herramientas que le permitirán sacar a flote ese negocio online con el que ustedes sueñan: calendarios, presentaciones, networking, lista de tareas e incluso palabras mayores y prácticamente inexistentes en estos “negocios de dormitorio”: recursos humanos y gestión de contratos. No falta de nada.
Así que vaya pensando qué quiere montar: el público espera, eso sí, hay que saber cómo engancharlos. Eso más que cuestión de herramientas, es cuestión de talento.
Y además les parece bien. Esto es fantástico. Dice un informe de Awareness que cerca del 70% de las empresas permite el uso de servicios sociales a sus trabajadores. Así que, señores, mientras leen esto, vayan revisando su perfil que no pasa nada.
La evolución además corre a su favor: el pasado año 2007 sólo un 37% de los jefes toleraba esto del ‘Social Media’ y ahora son más los empresarios sensibles a las actividades sociales de sus empleados.
Si bien la patronal es consciente de que este tipo de usos implica una (vaya sorpresa) pérdida de productividad y que además puede comprometer a la seguridad de la compañía, también son sensibles a los beneficios inherentes a las plataformas sociales. Vamos, que eso que usted hace en Internet de cotillear fotos, ver vídeos y etiquetar a su cuñado, también es bueno para su trabajo ya que mejora la comunicación entre compañeros y ayuda a promocionar y mejorar la imagen de su empresa.
Cuando el de Personal husmee detrás de su pantalla, recuérdele que lo hace por trabajo.
Seguro que cuando todos muramos y subamos al cielo habrá un bedel haciendo recuento del tiempo perdido a lo largo de la vida laboral de cada uno de nosotros. Y no estará midiendo los ratos que pasamos en la máquina de café, no. Estará sumando las horas eternas que usted y yo hemos dilapidado haciendo powerpoints.
Hacer una presentación es un auto de fe de resultados siempre melancólicos. ¿O es que a alguien le encantan sus propios ppts? Siempre son largos, muchos son tediosos, y casi todos tienen un aroma aburrido (ahora lo siento por ustedes si han padecido alguno de mis turrones).
Así que señores, si alguno de ustedes tiene ahora mismo una presentación entre las teclas, pase antes por este vídeo y haga examen de conciencia. Recuerde, ese programa es el demonio y hay que saber dominarlo (es como ser un jedi, que parece fácil pero al final caes al lado oscuro de las animaciones absurdas y los ‘wordarts’ impertinentes).
Nada de puntos interminables, nada de parrafadas, cuidado con los gráficos ilegibles y, por favor, sean breves.
“In fact the term ‘bullet point’ comes from people firing guns at annoying presentors”
Muchas gracias.