Si sabemos suficientes cosas sobre una persona, con su permiso podremos dirigirle publicidad útil. Del tipo, “Tomaste una hamburguesa ayer, quieres una pizza hoy? Hay una pizzeria justo a tu derecha”. Este tipo de publicidad tiene mucho valor para un anunciante ya que le generará una venta.
Cierto, puede sonar escalofriante, pero también tiene un valor.
Eric Schmidt, sobre el futuro de Internet móvil
Nuca es mal momento para hacer pronósticos.
“SMS are going to disappear in 5 years”
Ali Diab
La frase la hemos leído en el blog de José Antonio del Moral y habla de un cambio de modelo en el uso de los terminales móviles que empiezan a ser, cada vez más, dispositivos para el tráfico de datos.
Jakob Nielsen, ese señor que lleva ilustrándonos sobre usabilidad desde hace algo más de una década ha tenido un ‘déjà vu’. Concretamente ha intentando navegar desde un móvil y le ha parecido una experiencia totalmente 1998.
Dice Nielsen que andar en Internet con un teléfono se parece mucho a navegar desde un ordenador en los noventa. Fíjense en las semejanzas: normalmente no funciona, el tiempo de espera de carga es eterno y el diseño no está adaptando al soporte.
El resto de sus reflexiones tampoco son amables, pero hay recomendaciones a las que atenerse: hazlo sencillo, trabaja en una versión específica y no compliques las tareas. (De las tarifas no ha dicho nada, no)
Estos sitios no podrían existir sin la complicidad objetiva de un buen número de actores económicos franceses que tienen interés financiero en que el sistema perdure. La economía de la piratería en Internet es una larga cadena de actores que, en su mayor parte, no aparecen a la luz pública pero que sacan un provecho de esta actividad ilegal. Para que los sitios de descarga o streaming sean accesibles a los internautas hace falta que alguien los aloje y suele ocurrir que esos alojadores sean de nacionalidad francesa.
Además, para ganar dinero estos sitios firman contratos publicitarios con grandes anunciantes que cobran comisiones de marcas francesas.
Luc Besson
El director de cine francés ha hecho cuentas y le sale una cifra redonda: al día se ven de forma no controlada medio millón de películas en su país. Y ha puesto el grito en el cielo. Ya ha conseguido cobrarse su primera pieza.
Como han cambiado las cosas. Todavía recordamos todos aquel régimen taliban que impuso en Afganistán un demoledor regreso al pasado. Para aquella banda de líderes fanáticos cualquier avance tecnológico era símbolo del maligno y no tardaron en prohibir el teléfono, quemar libros, arrasar con las antenas de televisión y cegar a su población cortando todo acceso a Internet.
Pero señores, la moda es lo que tiene, seguidores. Y hasta los más barbudos son sensibles a los arreones del mercado de la electrónica de consumo. Como nos cuenta AlJazeera, el mulá Zaif se ha declarado “adicto” a su iPhone. Este tipo, ex embajador afgano en Pakistán (y ahora bajo arresto domiciliario en su casa de Kabul), no apea su terminal de Apple y enseña orgulloso a la prensa su listado de páginas favoritas en la pantalla táctil del chisme.
Por la foto, cabe destacar que Zaif es todo un ‘early adopter’, lo que tiene en las manos es un iPhone de primera generación. Todo un A-List.
Ahora ya sabemos dos cosas. Que el servicio de Blackberry funciona en Bagdad y que los congresistas americanos no son muy dados a guardar secretos. Ustedes me entienden, el típico político americano que se va de viaje a Irak y, cosas del dospuntocerismo y la política participativa: no se le ocurre otra cosa que ir contando en Twitter todos los pasos que da por la capital iraquí.
¿Viaje confidencial por asuntos de seguridad? Pues no tanto.
Si el iPhone fuese un teléfono móvil yo no tendría uno. Si ahora se pega en mis bolsillos con una BlackBerry es por todo lo demás. Ya saben ustedes, la experiencia de uso, lo de navegar por Internet y claro, el sinfín de aplicaciones tontunas que se pueden descargar para quemarle la batería al chisme.
Y quizá en ese brillante camino para el cacharro de Apple esté gestándose un fenómeno mediocre. Efectivamente señores, hace meses que leemos un montón de promesas que colocan al terminal de Cupertino en el centro de nuestro espacio social: trabajo, ocio, comunicaciones y servicios en una sola pantalla.
Pero la realidad es que la mayor parte del mercado de aplicaciones se ha convertido en un rastrillo. Arrasan las gratuitas y sobreviven las de “a un eurillo”. Y claro, así es complicado poner una empresa a trabajar para sacar un buen programa que va a quedar sepultado por las baratijas y del que va a ser muy complicado sacar rendimiento.
Los desarrolladores se lamentan de que es complicado conseguir volumen suficiente para hacer rentable su trabajo (no es fácil vender más de 100.000 copias de una app con el actual sistema de promoción de la plataforma de descarga) y asumen que los factores de éxito están fuera de su control. En resumen hay que esforzarse por entrar en alguno de los ‘tops’ y luego confiar en mantenerse el tiempo suficiente para cubrir costes de programación.
Mi iPhone por ahora está nuevo y apenas si le he cargado un par de esas tontunas. ¿Alguna recomendación por encima de la frontera del euro? ¿Algo que merezca la pena y justifique las quejas de los programadores? ¿Me estoy perdiendo algo que valga más que una moneda?
Sí, la mejor forma de picar a un fanático de Apple es recordar esa sencilla funcionalidad que no tiene el cacharro sagrado. Sí, mucha pantalla táctil y mucho “es algo más que un teléfono”, pero amigos míos, nada de cortar y pegar. Bien, te voy a sacar la sonrisa, Maquero maldito: Hay una solución chapucera para remediarlo…
Pastebud no es una aplicación y por lo tanto no necesita instalación. La solución es algo engorrosa pero útil, ya que como veis en el vídeo se utilizan dos bookmarks: uno para copiar y otra para pegar. Aunque aún no está disponible, ya se está hablando bastante de su utilidad, y según dicen en su Twitter los responsables del servicio, este mismo viernes podrá empezar a utilizarse.
Pero no, sigue siendo imperdonable que el gran dispositivo de conexión móvil no permita copiar y pegar -difícil, no es-. Al menos Pastebud tapa un poquito ese parche, aunque sólo lo hace en dos aplicaciones -las más necesarias-: Safari y Mail.
Literal, resulta que escribimos y leemos más de lo que hablamos. Bueno, nosotros no, los americanos. Dice Nielsen Mobile que los usuarios de telefonía móvil son más propensos a intercambiar SMS que a llamarse.
De media, un norteamericano recibe o hace unas 204 llamadas al mes, muy pocas comparadas con los cerca de 357 mensajes que intercambia. Y la tendencia además es favorable al texto: si bien la media de llamadas se ha mantenido estable a lo largo de los últimos dos años, el flujo de SMS se ha multiplicado por 450% desde comienzos de 2006.
Los principales impulsores de este fenómeno son, lo podían ustedes imaginar, los adolescentes que apenas si hacen uso de los servicios de voz y en cambio manejan una media de 1.742 mensajes al mes. (¿Cómo les dará tiempo a tanto?)
Así que ya saben ustedes, eso de que los jóvenes no leen es una patraña. Y además escriben muchísimo.
La tecnología avanza hacia dispositivos mucho más ligeros y portables, siempre y cuando no estemos hablando de televisores de plasma. Esta es una afirmación que hago de vez en cuando, y que ahora tendremos que adaptar a la telefonía móvil. No, lejos de avanzar hacia modelos ligeros y pequeños, llega Apple y nos encaja tremenda pantalla. Bonita, sí; reluciente, también; pero enorme.
¿Donde queda la sencillez? ¿Por qué no puedo sujetar mi refresco/cerveza mientras echo un ojo al teléfono? Porque la pantalla grande y táctil es un éxito, y el mercado se dirige a ese camino. Viendo esto, habrá que plantearse buscar un tercer brazo…
Otro día hablaremos de esos despropósitos que por querer tenerlo todo se olvidan de lo principal: un teléfono, ante todo, debería llevarse de manera cómoda en cualquier bolsillo. Por eso son teléfono móviles.