No me canso de decirlo: la tecnología nos está poniendo las cosas tan fáciles, que termina inmiscuyéndose en las situaciones más humanas y sentimentales. Imaginen la estampa: luego de sobeteos varios, usted termina por aburrirse de su compañero sentimental. Cómo terminar con él/ella no es un problema, es toda una odisea.
Ya vimos que hacerlo mediante el status de Facebook es una verdadera humillación pública para el afectado, que acarrea serios inconvenientes. ¿Un SMS? Sí, si su nombre es Cruella de Vil. Demasiado frío. La solución reside en la calidez de la voz, aunque llamar para romper con alguien no debe ser algo agradable, sobre todo por las reacciones que se pueden escuchar al otro lado del auricular.
Y ahí es en donde vio el negocio Gavin Macomber, uno de los fundadores de MobileSphere, la compañía detrás de un nuevo servicio de moda en Estados Unidos: Slydial. Se trata de un servicio que permite ir directamente al buzón de voz de cualquier persona y dejar un mensaje, aunque su móvil esté encendido y con cobertura.
¿Que si tiene utilidad? Al menos ha sido así para las 200 mil personas que han probado el servicio durante su fase de prueba. Sólo hay que escuchar un mensaje publicitario -aunque también hay una versión premium-, y a continuación se accede directamente al buzón para dejar la sentencia grabada. La tecnología utilizada para lograrlo es un secreto guardado de manera celosa, al menos hasta que su patente sea aprobada. Mientras, Macomber dice que la herramienta ahorra tiempo en un mundo en el que las conversaciones hacen perder muchísimo, y donde un mensaje de voz puede ir directamente al grano. Después del tono diga “Ya no te quiero, y no es culpa tuya, es culpa mía”, y quédese tan feliz.
Si no tiene el día demasiado entretenido puede pasar un par de minutos agradeciéndole a Telefónica su esfuerzo por mejorar la imagen de España en el exterior. Por el iPhone, claro.
El lanzamiento del chisme de marras está resultado agridulce: muchos comentarios se refieren a la escasez de stock, algo que puede no resultar malo y que, bien gestionado, provoca una estupenda campaña de marketing. Pregunten en Nintendo, saben hacerlo como nadie. ¿O es que no recuerdan las noticias sobre la falta de Wiis en Navidades?
Pero si el engranaje no es perfecto este desajuste entre oferta y demanda durante el día de la salida puede resultar demoledor. ¿Realmente compensa la foto de las colas en la puerta de la tienda? Obviamente no, el millar de personas que estaban esperando para llevarse su cacharro los primeros probablemente hayan salido con el artilugio en la mano y bastante frustración. La foto no les compensa nada.
La misma sensación que tendrán los que se han tenido que apuntar en listas provisionales y que ha ido creando una cadena de infortunios que ha acabado por dar con la imagen de Telefónica en la portada de Wired cuyo artículo sobre el lanzamiento del iPhone en España es directamente bochornoso. No se lo pierdan, se sentirán de nuevo como en los tiempos de Paco Martínez Soria.
Un mal planteamiento de marketing ha provocado que sea más fácil comprar un iPhone en Móstoles que en Madrid. Buscar la foto ha conseguido el efecto contrario y en bola de nieve, sufre la imagen de Movistar, claro, pero también se ha dañado la imagen de Apple y la suya como ciudadano: “Viviendo en España te acostumbras a estas cosas” dice el editor de Wired. Qué bochorno.
Apple nos llamó hace unas semanas para preguntarnos si queriamos probar un iPhone 3G antes de su lanzamiento. Me pillaron tierno, estaba con un cólicos, la oferta me alegró el día y dije que sí. En mal momento. Ahora estoy enamorado de un terminal que distribuye una operadora que no es la mía, un móvil que extendería mi enganche a la red hasta límites insospechados. Pero lo peor ha sido el acuerdo de confidencialidad. ¿De qué sirve llevar en el bolsillo un icono si no puedes hacer ostentación de él?

Pero incluso sin poder hacer alardes de cacharro, este teléfono es un caramelo para yonkis de la red. Se lleva fácilmente encima, Safari renderiza las páginas con rapidez y la integración de servicios como el correo o YouTube está muy lograda. Y faltan por ver aún los servicios online que surgirán mañana en la App Store. Toda una apuesta esta tienda. El gran salto de Apple no se queda el 3G, el GPS, la sincronización con Exchange o Mobile Me. La venta de aplicaciones y la apertura a desarrollos de terceros que puedan instalarse fácilmente son todo un avance. Mientras esperamos a Android, veremos lo que da de sí la plataforma de la manzana.
¿Puntos negativos? El cambio de operadora es mi principal obstáculo. En el dispositivo me molesta especialmente la imposibilidad de mandar MMS (acabo de tener descendencia y hay que alimentar a las abuelas con mensajes). Casi no he notado la ausencia de grabación de vídeo en la cámara, pero si la baja calidad de sus imágenes. Sobre el papel, las tarifas parecen razonables, y lo más probable es que en este mes un usuario como yo no alcanzaría el límite de descarga de 1 GB pese a haber visto mucho vídeo en YouTube y navegado sin descanso. Supongo que el enganche al WiFi disponible ha ayudado a mantener el volumen transmisión de datos por 3G a niveles aceptables.
En todo caso, no se lleven a engaño. El iPhone es un dispositivo útil, atractivo para la vista y los dedos, muy funcional en internet y correcto como móvil, pero será capaz de cambiar tanto sus vidas como una afeitadora último modelo. Pocas tecnologías (la electricidad, la computación, los aviones…) son tan revolucionarias. El salto existe en todo caso, y es de relevancia. El iPhone 3G abre mañana la puerta para que todo el que quiera lleve internet de verdad en el bolsillo… y enseñe con orgullo de moderno el aparato que usa para conectarse. Los politos del cocodrilo y las zapatillas de Jordan de nuestra infancia han sido sustituidas un gadget plano, táctil y a ser posible blanco. Mañana habrá quien guarde cola por él.
Estaba paseando esta mañana por la Gran Vía y he acabado (vaya casualidad) delante de la puerta de la nueva tienda de Telefónica en la que en apenas un par de días se pondrá a la venta el iPhone. Cuando todavía falta todo ese “montón” de tiempo da la sensación de que ya está todo listo (Apple ya ha hecho su parte del negocio) y apenas quedan por confirmarse las tarifas por las que el cacharro saldrá a la venta en España y la identidad del primer entusiasta que se pondrá a hacer cola.
En el marco de un lanzamiento de este calibre nada se deja a la improvisación. Y “nada” significa “nada”. Para una marca como Apple tener el control sobre toda la cadena por la que su producto transita es una garantía de éxito. Y este les lleva incluso a medir los tiempos.
Según los cálculos de la compañía el proceso de compra de un iPhone durará aproximadamente quince minutos (recuerden que habrá que activar el terminal en el punto de venta) lo que permitirá a los vendedores servir entre 100 y 180 cacharros a la hora. Estas estimaciones se han realizado para el mercado norteamericano. Me queda la duda de si el comportamiento del cliente íbero será similar o si aquí ese tiempo de transacción será diferente.
Bola Extra: Ya pueden ustedes leer las tres primeras reseñas del iPhone 3G. Efectivamente, a todo el mundo le encanta.
¿Cuantas horas trabaja al día? ¿Tiene BlackBerry? Ahora vuelva a contestar a la primera pregunta. Supongo que si usted carga con uno de esos dispositivos de bolsillo que le permiten estar permanentemente conectados con su buzón de correo habrá encontrado estupendas ventajas al chisme como, por ejemplo, no pisar la oficina durante horas y poder mandar un montón de correos sin pisar la moqueta del despacho. Una gozada, sin duda.
Pero lleven la reflexión más lejos y hagan repaso: seguro que han revisado sus mensajes en la cola del cine, la playa, una terraza estival, un atasco, paseando al perro (vale, esto a lo mejor sólo lo hago yo).
Ahora díganme. ¿Ese tiempo forma parte de su jornada laboral? ¿Deberían pagárselo como prolongación de jornada o queda compensado por la prebenda tecnológica de llevar encima un chisme que diluye el tiempo de ocio y el de trabajo?
Obviamente estos cacharros han diluido la frontera física, espacial, del entorno de trabajo y nos permiten un nivel de movilidad mucho mayor, la oficina como tal es más un horizonte social que de trabajo.
Esto debería ir en favor de nuestra productividad (no se rían demasiado alto) pero no parece permisible dar por asumido que diluir umbrales pasa también por contaminar el tiempo libre. ¿Cuantos de ustedes han apagado alguna vez la BlackBerry? Mientras responden, voy a pasear al perro.
Usenet, el servicio de grupos de discusión que abrió la red al común de los mortales, será mutilado en EE UU. El acceso a uno de sus jerarquías más activas, alt.* será bloqueado por tres de los grandes proveedores del país (Verizon, Sprint y Time Warner) porque un fiscal de Nueva York que dice que esta rama de la veterana red de discusión está plagada de pornografía. Los orígenes de Usenet se remontan a finales de los años setenta. Las discusiones se organizaban en categorías y alt.* era y sigue siendo el cajón desastre donde uno podía encontrar casi de todo. Y si bien es cierto es que los primeros temas que colgaron de esta carpeta fueron alt.sex y alt.drugs, otros muchos han convertido durante más de dos décadas a este espacio en el más poblado y consultado de Usenet. Que los internautas estadounidenses no puedan seguir contribuyendo y consultando ese enorme repositorio de información no es una buena noticia. El lugar en el que nacieron los trolls, los emoticonos, las firmas y buena parte de la jerga que usamos, ha sido oscurecido.
Si algún mérito tiene Nintendo es el de haber abierto un mercado que parecía fosilizado. Cuando todo el mundo apostaba por el nicho de ‘jugones’ como foco de innovación para los videojuegos, los de Mario lograron demostrar que había mucho más campo de crecimiento si se apostaba por la novia, la madre y la hermana del ‘jugón’. Y ahí reside en parte el exitazo de la DS y la Wii: otro enfoque más social que tecnológico para incrementar la masa social de jugadores.
En la Industria de los cacharritos pasaba algo similar: eso era cosa de hombres hasta que algunas marcas apostaron por acercar sus chismes a segmentos femeninos y abrieron una veda floreciente de negocio.
E incluso algunos sectores que parecían vetados al interés de ellas también se están demostrando como estupendos focos de crecimiento. Piensen en los smartphones, esos terminales así como feotes que se acumulan en los bolsillos de casi cualquier ejecutivo de medio pelo y que parecen como un yugo laboral. Efectivamente, piensen en BlackBerrys, esos chismes que, si bien han mejorado muchísimo de aspecto, siguen siendo como una bola de preso.
Todo lo contrario que el iPhone, verdadera puerta de entrada de las mujeres al mundillo de los terminales avanzados y un producto sobre todo amable. El número de féminas con un dispositivo de última generación se ha doblado en Estados Unidos a lo largo del último año y el ritmo de crecimiento es mucho mayor que el de los varones.
¿Motivos? Seguro que muchos, pero las cifras de venta del chisme de Apple dan una buena pista: si en octubre una de cada cuatro compradoras era mujer, en marzo esa cifra pasó a una de cada tres según Nielsen y pueden estar convencidos que la segunda versión del cacharro seguirá triunfando entre ellas.
La sensación es que los terminales inteligentes están cambiando de espectro: si hasta hace poco eran coto privado de geeks y poco después eran herramientas laborales, ahora se van abriendo camino como terminales integrales de comunicación, lo que los vuelve útiles y relevantes fuera del trabajo: para estar en contacto con la familia, el círculo de amistades o la pareja.
Y eso implica también una revolución en el diseño y los servicios: antes eran terminales de correo y eran feos, ahora son dispositivos mucho más completos que buscan también integrarse en nuestro ecosistema. El iPhone es indiscutiblemente bello y eso empuja al resto a pasar por quirófano: piensen en aquellas primeras BlackBerrys y miren esa cosa tan mona que tienen ustedes ahora.
En unas semanas el teléfono de Apple llegará a España, pueden ustedes apostar a que el mercado de los ‘smartphones’ sufrirá aquí la misma mutación que en Estados Unidos: de un sector aburridamente laboral a un espectro de comunicación social e integral de servicios. Tanto para ellos como para ellas, lo mismo que logró Nintendo con los videojuegos.
No todo el mundo es feliz con Internet, no. No todo el mundo disfruta de este nuevo escenario económico ni puede aprovecharse de las posibilidades que ofrece un ecosistema conectado.
Miren, por ejemplo, las operadoras de telefonía móvil que se han quedado en menos de un lustro sin modelo de negocio principal. ¿Motivo? Llamar por teléfono está totalmente obsoleto. Hemos pasado de una era de la telefonía fija a una fase de telefonía móvil y ahora estamos en un momento decididamente tonto: todo el mundo lleva un terminal encima pero llamar, lo que se dice llamar, no es demasiado apetecible. Normal, se puede hacer gratis.
Efectivamente, mucha de la miseria de las operadoras tradicionales hay que buscarla en los servicios de voz sobre IP que han dinamitado la tradición de tarifas de este tipo de empresas y han asomado al ridículo un modelo económico absurdo: cobrar por tiempo es una estupidez. Y así, ahora tenemos un enorme parque de cacharros que no le reportan a las telecos todo el negocio que deberían por los servicios de voz y, esto ya es mucho más feo, un negocio ruinoso en el ámbito de la telefonía fija.
Según un estudio presentado hoy mismo el ritmo de crecimiento de los servicios de VoIP es sólido y la población de usuarios alcanza ya cifras de universo demográfico a considerar y mientras tanto las operadoras tradicionales naufragan.
Ahora miren en sus bolsillos. ¿Verdad que su terminal tiene una pantalla enorme? Pues habría que darle uso, ya sólo tiene que convencer a su teleco de que le presente un plan honesto de datos y un catálogo mejor de servicios.
Todo lo demás es chapotear en el ridículo (y la ruina).

Pues si, después del móvil de inspiración musulmana y del reloj judío llega a nuestros bolsillos el teléfono para hablar con Budha. El terminal, a la venta en China, viene decorado con dorados motivos budistas y un interfaz con olor a incienso. Los menús y los politonos también tienen sabor religioso. Ya lo saben ustedes, el beneficio está en el reconocimiento del nicho comercial. Qué mejor nicho que la fe.
¿Para que usa usted su teléfono móvil? No me diga que lo que hace es hablar o sonará totalmente anticuado. El móvil, como usted bien sabe, sirve para otro montón de cosas y, de forma circunstancial, puede usted hacer llamadas con el chisme.
Esta máxima es lo que anda repitiendo la industria desde hace algo más de un par de años, pero por ahora era poco más que una quimera voluntarista. Hasta la llegada de Apple y la revolución del iPhone la mayoría de las aplicaciones que traían los terminales generaba más frustración que beneficio y la fórmula del éxito ha sido clara: un nuevo estándar de usabilidad y absoluta excelencia en los servicios. El iPhone no es el cacharro más completo, ni el que “hace más cosas” pero sin duda es el que mejor rendimiento saca a sus funciones.
Y así, los propietarios del iPhone, le han dado la vuelta al uso principal de la telefonía móvil. Según un estudio de iSuppli, los que cargan con el terminal de Apple sólo usan el iPhone “como teléfono” un 46.5% del tiempo que lo manejan, frente al 71% del resto del mercado de smartphones.
Ahora sólo queda que las operadoras se crean su propio mantra y cambien el modelo de tarificación: bajar el precio de las llamadas convencionales es un señuelo baratito: el siguiente paso es consolidar las tarifas de datos a precios coherentes y no lo que padecemos ahora.