Es evidente, en Internet no te puedes fiar. Piensen en un tipo común, con sus aficiones y sus gustos, que se da de alta en una página de contactos de objetivos tan evidentes como ‘SexSearch’ en busca de una compañera para dar rienda suelta a sus comunes propósitos.
Piensen ahora en este hombre frente al perfil de una candidata dispuesta con la que entabla una relación que les lleva de los píxeles a la carne. Y ahora asuman que ella es una mentirosa y es él el que se enfrenta a una petición de cárcel de 15 años.
La joven, que en su perfil puso que tenía 18 años, realmente tenía 14 en el momento de conocer al acusado y un mes después de sus amoríos el tipo se encontró con su casa rodeada por la policía y tres denuncias relacionadas con abuso de menores. Imaginen el corolario posterior que pasa por la pérdida del trabajo, la ruina social y la amenaza de la cárcel…
El caso evidentemente es muy excepcional (y está fechado en el 2005) pero nos enfrenta a un desajuste a considerar. ¿Quién es el responsable legal de este embrollo? ¿El tipo por mantener relaciones con una menor sin comprobar antes de forma fehaciente su edad? ¿La menor por mentir de forma voluntaria en su perfil para conseguir un encuentro sexual que no le está permitido? ¿La página de contactos por no verificar los datos personales de sus usuarios (y clientes de pago)?
Según el juez el culpable último es el acusado ya que el servicio no es responsable de lo que hagan sus usuarios en sus espacios personales. A partir de ahora ándense con cuidado ahí fuera, no vaya a ser…
No me dirán que no suele pasar: usted descubre un servicio ‘online’ y cuando ya empieza a disfrutarlo, llega una corte de abogados y lo anega hasta cerrarlo arruinando toda la diversión. A lo largo de los últimos años los pleitos han hecho sucumbir a muchos grandes proyectos. En Mashable se han hecho un listado descorazonador: por ahí andan glorias caídas como el primer Napster, Pandora (para los residentes fuera de EE UU), Olga e incluso aquella gran tienda que era Lik-Sang… Repasen el cementerio y busquen semejanzas: no es por ponerme cenizo, pero a YouTube se le está poniendo la misma carita que a estos….
La escena se produce en un juzgado británico, donde cuatro personas se sientan en el banquillo acusados de incitar al terrorismo a través de Internet. De repente, el juez detiene el interrogatorio para solicitar una aclaración: “El problema es que no entiendo el vocabulario, no comprendo qué es un sitio Web“. Tampoco le quedó muy claro tras la explicación. Por lo menos preguntó, sin miedo a quedar en evidencia por desconocer de qué se hablaba.
David Pecker se llama David Pecker, pero no lo suficiente. Verán, este hombre ha perdido el control del dominio con su nombre después de que el WIPO (World Intellectual Property Center) haya decidido que no puede acreditar lo suficiente que su nombre es suyo. Según el WIPO , Pecker no tiene una marca asociada a su nombre y por tanto no puede reclamar su (legítimo) dominio. En resumen, al no ser famoso, no puede reivindicar ese dominio en base a ninguna actividad ‘comercial’ relacionada con su identidad como marca comercial.
El caso, además, no es menor ya que el actual propietario del dominio lo tiene ‘aparcado’ en Sedo y, debido al doble significado de su apellido, sólo muestra contenidos publicitarios de corte pornográfico.
Pecker, tras perder el caso ante el WIPO, ha intentado comprar su nombre a su actual registrador. Por ahora ha sido en balde ya que le piden un mínimo de 15.000 por recuperar su identidad.
Cuando hace unos días informábamos de la denuncia contra Nintendo por violación de patentes ya nos temíamos que ese no iba a ser sino el comienzo de un largo peregrinaje por los tribunales. Es que no falla, nada mejor que el éxito para atraer a los abogados. Los de Mario tendrán que pasar esta vez ante los tribunales tras haber sido denunciados por la “naturaleza defectuosa” de la correa del Wiimando. Efectivamente, esa correa que tanto ha dado que hablar. Nintendo ya ha anunciado que sustituirá todas las que sean necesarias así que, permítanme renunciar una vez más a mi buena fe y suponer que en este caso no hay más interés general que defender el ánimo recaudador de los querellantes.
El Episodio III de la Guerra de las Galaxias se estrenó el 19 de mayo de 2005, pero no fue en los cines. Unas seis horas antes de su primera exhibición en salas comerciales, “˜La Venganza de los Sith“™ estaba disponible para su descarga a través de los enlaces de la página EliteTorrents (un tracker de BitTorrent). No se trataba ni tan siquiera de una copia comercial sino de un “˜workprint“™ una versión de trabajo completa pero no (supuestamente) definitiva.
EliteTorrents, que hasta entonces era uno de los trackers privados de BitTorrent más potente (con 133.000 miembros), logró en pocas horas una enorme repercusión en toda la Red. El 25 de mayo, apenas una semana después, la Justicia norteamericana lanzó la operación D-Elite que concluyó con el cierre inmediato del web y la persecución de muchos de sus miembros gracias al registro de sus servidores.
Uno de los denunciados fue Grant Stanley (de 23 años) al que se acusó de ser uno de los administradores del sitio y que ahora ha sido sentenciado a cinco meses de prisión, otros cinco de arresto domiciliario y 3.000 dólares de multa.
El fiscal John Brownlee ha alertado, tras conocerse esta primera sentencia contra usuarios de la red BitTorrent, que “espera que este caso envíe el mensaje de que el ciberespacio no proporcionará un escudo de anonimato para los que deciden romper nuestras leyes de propiedad intelectual”. Ya saben, ándense con cuidado este fin de semana.
Siempre se da por supuesto que los tópicos suelen albergar una parte de verdad (remota y distorsionada, claro). Uno de los lugares comunes más habituales cuando se piensa en Estados Unidos es su propensión al litigio, a la denuncia, al recurso rápido a los tribunales. Pues vayan sumando otro ejemplo.
Una adolescente tejana ha denunciado a MySpace por no proteger con la suficiente diligencia y firmeza a sus miembros menores de edad. La joven, de 14 años, fue asaltada en su página por otro usuario de 19 años que la engaño con tretas y mentiras para “ganarse su confianza y lograr su número de teléfono“.
Este es sólo un caso, pero ya se venía hablando desde hace meses de los problemas a los que se tendría que enfrentar esta red social. Su enorme tamaño y su crecimiento vertiginoso ha provocado que ciertas lagunas queden al descubierto y que los ‘avisos legales’ y las medidas de control tengan que adecuarse a una nueva dimensión más apropiada para este frenético gigantismo.
MySpace ha salido como un rayo a defender su sistema de garantías y a pedir la colaboración de todos para lograr una Red más segura, nada fuera de lo previsble.
Por cierto, el abogado de la muchacha (y de su madre) ya ha puesto precio al acoso: piden 30 millones de dólares.