Ustedes lo saben, aquí no somos muy fans ni de twitter ni de muchas de las cosas que ‘pasan’ en eBay así que entenderán que no podamos dejar de comentar este detallito sociológico.
Andrew Baron, fundador de RocketBoom, ha tomado una decisión cuanto menos bizarra: ha puesto a subasta en eBay su cuenta de Twitter y “todos sus seguidores”. La puja ya supera los 1.000 dólares.
El gesto en si es totalmente rompedor: Baron está vendiendo una porción de su identidad y, sobre todo, está sacando provecho financiero de su base de datos de contactos de confianza, aquellos que siguen su día a día.
Por ahora más de 30 personas se han mostrado interesadas en comprar este jirón de la personalidad digital de Baron. ¿Compraría usted un trozo de alguien?
Tim Berners Lee lleva aquí desde el primer día, ha visto nacer Internet hasta este punto fascinante en el que ya somos nativos digitales viviendo en red. Su visión ahora es clara, mantiene su apuesta por la web semántica como ese conjunto de hilos que nos ayuden a movernos por el entorno sin saltos de lenguaje, plataforma o herramienta.
Para Berners Lee “se trata de crear una web sin costuras de todos los datos de tu vida”. La idea pasa por lograr “etiquetar” cada porción de información para que pueda conectarse de forma directa en una estructura constante de datos.
En una entrevista para ‘The Times’, el padre de Internet describe este escalón como el paso superior a los buscadores, ya que no se trata sólo de encontrar información, sino de tejer los vínculos entre estos datos y, sobre todo, ponerlos en relación para hacerlos relevantes y útiles al usuario. Imaginen, por ejemplo, una pasarela semántica entre su historial bancario y su calendario que pudiese trazar gráficas de gastos, ingresos y movimientos combinando las dos herramientas. En un universo ideal podríamos sumar a la mezcla nuestras fotos, por ejemplo, y así recordar exactamente cuando y dónde hicimos cada desembolso.
Y así, Berners Lee dibuja un futuro para la Red que no pasa por la vía única de los colosos empresariales que guardan nuestros datos sino, sobre todo, por la mezcla entre plataformas y la importancia de las herramientas más pequeñas que sirvan para desenredar las costuras de nuestra vida digital.
Es, sin duda, la mejor forma de definir en serio el metaverso.
Qué tiempos aquellos en los que entrar en una sala de chat era como hacerlo en los probadores del gimnasio. Todo hombres, todos hablando a la vez… Ahora, a la mínima que te descuides, tropiezas con un montón de mujeres. Si señores (perdón, señoras), Internet se ha llenado de chicas y eso de que la tecnología es masculina ha quedado relegado al olvido.
Según un reciente estudio de Pew Internet Project, son ellas, las más jóvenes, las que están tomando la delantera en la Red. Navegan más y, sobre todo, usan las herramientas mucho mejor que ellos. Casi un 35% de las adolescentes tiene un blog frente a poco más de un 20% de los jovenzuelos. Pero hay más aún: mientras que más de un tercio las muchachas tienen su propia página web, apenas si dos de cada diez de ellos se han lanzado a esta aventura digital.
En el metaverso más corriente, las redes sociales, el escalón de entusiasmo y uso es aún mayor: un 70% de las chicas entre 15 y 17 años tiene perfil en las comunidades más en boga dejando claramente atrás a sus contrarios: sólo un 57% de los jóvenes varones en la misma edad navega por plataformas sociales.
Las estadísticas no se circunscriben sólo a Estados Unidos y estas pautas de feminización son similares, por ejemplo, en el Reino Unido. Algunos expertos (critiquen a sus anchas) consideran que esta irrupción masiva de jóvenes mujeres se debe a su tendencia natural a comunicarse entre ellas frente al uso masculino más volcado, por ejemplo, a los videojuegos.
Sea cual sea la causa (ahorro de teléfono gracias a la mensajería y los sistemas internos de correo), la conclusión es poderosa: la brecha entre sexos no se ha trasladado a la Red, un entorno de relación en el que ellas llevan la delantera.
¿Se acuerdan del mito ese de que todos los que se pasan el día conectados son gente rara, inadaptada y sospechosa? Bueno, pues vayan actualizándose. Resulta que la verdad es otra: los bloggers son gente más equilibrada y aquellos que, además, son usuarios activos de redes sociales, resultan menos ansiosos y depresivos.
Dice la Universidad de Swinburne que aquellos individuos que no comparten con su entorno digital están menos satisfechos de sus amistades y se sienten menos integrados socialmente. Los “no conectados” no tienen la impresión de formar parte de una comunidad y, pásmense, son menos dados a expresarse y compartir sus emociones.
Creamos nuestra yo en Red, intentamos ser relevantes, completamos perfiles con datos personales, subimos fotos, conversamos y compartimos parte de nuestra privacidad para alcanzar un nivel óptimo de identidad que nos permita mantener relaciones personales en Internet. Pero ¿cuando entramos en zona de peligro? ¿cuando toda esa información nos convierte en un blanco desprotegido?
El Ejército canadiense parece tenerlo más o menos claro y ha pedido a sus soldados que no aporten información personal en redes sociales como FaceBook ante el temor, la amenaza, de que sea utilizada por sus enemigos. Según un informe interno, Al Qaeda podría estar monitorizando este tipo de servicios buscando destilar datos que ayuden a sus acciones terroristas.
Canadá tiene ahora mismo unos 2.500 soldados destacados en Afganistán, pero la amenaza se extiende más allá. El perfil de un soldado en Afganistán no sólo le convierte a él en objetivo de un ataque, sino que pone en la diana a toda su familia, sus amigos y el conjunto de su entorno social.
Los nuevos usos de Internet nos convierten en animales conectados y expuestos. El nivel de peligro de este relativo descontrol de nuestros datos personales todavía está por definir, pero empieza a enseñar aristas inquietantes.
Nuestra información privada deja de serlo cuando picoteamos en la red desperdigando jirones sensibles por foros, redes sociales y comunidades virtuales sin tener nunca demasiado clara cual es la gestión que se hace de estos contenidos.
En un universo pesimista el futuro pinta negro. ¿Imagina que puede hacer una aseguradora con los datos personales de los miembros de una red social? ¿De verdad cree que alguien va a cubrir sus gastos médicos si se entera de su historial médico? ¿Es usted rentable para una empresa de seguros si esta compañía sabe de sus sufrimientos y dolencias tanto como sus mejores amigos?
Las posibilidades del metaverso son descomunales, pero los límites de nuestra intimidad han de ser inviolables.
Uno de los retos principales a los que se enfrenta Internet es convertirse del todo en un entorno fiable: un lugar en el que comportarnos sin temor a intromisiones de terceros y que logre así que nuestras relaciones en la Red tengan una calidad óptima.
Por ahora este logro sigue pendiente: la gestión de nuestros datos sigue sin estar controlada como debería. En muchos casos la imprudencia es de los usuarios (muy generosos a la hora de rellenar formularios) y en otras ocasiones son las propias compañías las que no tienen muy claro cual es el nivel de privacidad que tendrían que garantizar.
El asunto es cada vez más relevante y tiene aristas que hacen de la gestión de la seguridad personal algo imprescindible. Una educación incorrecta (por parte de sus mayores) puede llevar a un menor de edad a cometer errores desagradables en la Red que harán de su experiencia ‘online’ algo traumático.
El perfil de un depredador de menores se ajusta al de un tipo que se aprovecha de estas fisuras del sistema de datos personales para acceder hasta la pantalla de un chaval. Pero no es tan evidente como parece: lo más fácil es pensar en alguien que rastrea por MySpace, pero la realidad es que esta calaña busca a sus presas en lugares de control menos riguroso: las salas de chat y la mensajería instantánea son los caladeros de esta estirpe de delincuentes.
Según un estudio de la revista ‘Pediatrics’ el 15% de los menores que navegan tuvieron algún incidente de este tipo durante el pasado año y, en contra de la sensación más generalizada, las redes sociales se descubrieron como el espacio más seguro para mantenerse al margen de delincuentes sexuales. Aún así, todavía queda mucho por avanzar.
Antes de seguir leyendo haz un recuento rápido del número de agregados que tienes en FaceBook. ¿100? ¿200? ¿Te parecen muchos? Pues replantéatelo, seguro que son pocos. Resulta que FaceBook tiene un número máximo de ‘amigos’ posibles. Y Mark Cuban ha alcanzado ese límite. Mark Cuban tiene 5.000. Ahora llora.
Cuban es una de esas envidiables fortunas de la primera burbuja ‘puntocom’ y parece que no tiene demasiados enemigos, vista su lista de contactos en esta red social. Pero 5.000 parecen ya demasiado ¿No? Seguro que son ya muchos más de los previstos en desarrollo, a fin de cuentas si algo distingue a FaceBook del resto de redes sociales (léase MySpace) es que las relaciones entre sus miembros van algo más allá de “uy mira, me voy a agregar a este tipo”. Y claro ¿Quién conoce realmente a 5.000 personas? No contesten, que me vengo abajo.
Si no leen ustedes a Regina Lynn, están tardando en ponerse a ello. Esta joven escribe el blog de sexo de Wired y es una luminaria. En su último artículo se pregunta sobre las nuevas formas que adopta el sexo en la cultura del dospuntocero y acaba desarrollando una memorable teoría sobre el porno.
Dice Lynn que el porno es una forma de entretenimiento sexual mientras que los sitios sociales (espectáculos en directo de webcam, fotos amateurs, vídeos de parejas, redes sociales…) han inaugurado nuevas formas de sexo. Así, al ritmo al que evoluciona la tecnología, también está evolucionando nuestra sexualidad.
¿Puede una chica humillar a su ex novio sin arriesgarse a ser atropellada por una horda de usuarios de Internet? La respuesta es NO. Sandra Soroka, una reputada videoblogger neoyorquina anunció a su chico que le dejaba mediante el mensaje de estado de Facebook en un gesto de una crueldad absolutamente luminoso.
“Sandra E. Soroka está dejando que Will se entere de que todo se ha acabado mediante este mensaje de status de Facebook” puso la joven y claro, despertó a la bestia, perdón, a la ‘comunidad’.
La imagen de su fechoría cosechó más de 1600 votos en Digg y, en mitad de esta tormenta perfecta, alguien decidió cobrarse una jugosa venganza. ¿Adivinan? Pues si, uno de esos usuarios de Digg borró todas las fotos que Sandra guardaba en Flickr y las sustituyó por una grimosa imagen de un cachorro de gato con gorrito a juego (la cosa empeora, la cuenta de Flickr ha desaparecido).
Ya sabes, si se la vas a jugar a tu chico, no te pases de graciosa. La ‘comunidad’ está siempre preparada para devolvértela.