OK Cupid, uno de los sitios de citas más populares de Estados Unidos, ha hecho un estudio sobre las fotos de perfil. Ya se sabe que son la primera impresión de nuestra identidad online.
Si bien es cierto que hay verdaderos expertos en el tema, el estudio (basado en 11,4 millones de opiniones de usuarios del sitio) deja interesantes conclusiones a la hora de elegir foto (si lo haces para ligar o parecer atractivo, claro):
Por otra parte, más de 9 mil usuarios han dejado datos sobre su actividad sexual y sobre su modelo de teléfono móvil. ¿Qué resulta del apasionante cruce de datos? Los usuarios mayores de 30 años que poseen un iPhone han tenido más encuentros sexuales que los propietarios de Blackberry o Android.
Si te quedan más dudas, ya en enero OK Cupid profundizó sobre las fotos de perfil rompiendo 4 mitos. Ahora, ve ahí fuera hazte la foto ideal, huye de los clichés y cómprate un maldito iPhone. El resto queda en tus manos.
¿A quien pertenecen los datos? Disculpen la pregunta, pero no tengo clara la respuesta. En una red social, en una página de contactos o en un servicio de empleo la tendencia natural sería a afirmar que la compañía prestataria del servicio se guarda cierto control sobre la información personal, pero el uso demuestra otra cosa.
Al final, los datos sólo pertenecen al usuario.
Miren por ejemplo el caso de Monster que, por segunda vez, se ha visto involucrado en un feo asunto de seguridad. En resumen, tras un ataque han tenido que pedir a sus usuarios que actualicen sus cuentas (contraseñas y datos personales incluidos) ya que podrían haberse visto comprometidos por un agujero similar al que ya les costó un disgusto hace menos de dos años.
La decisión de Monster ha sido la de no avisar de forma directa a los usuarios (con un correo por ejemplo) y tampoco declarar a cuantos de sus miembros ha afectado. Tampoco han dado explicaciones sobre sus pobres sistemas de encriptado y todo se ha quedado en un “Nos tomamos esto muy en serio”.
¿Conclusión? El daño a la imagen (y más siendo una web de empleo) es descomunal y la tendencia de los usuarios será a migrar hacia otro lado más respetuoso con sus datos personales. Al final tener los datos de los usuarios vale de muy poco si no hay una voluntad efectiva de cuidarlos sin zarandeos ni mirones.
La mayor parte de los grupos de música que hay en MySpace son espacios creados por sus promotoras/productoras. Cuando hace unos años nos enteramos de esto nos vinimos todos abajo.
La mayor parte de los perfiles de famosos, políticos (y grupos de música) que hay en redes sociales son espacios creados por sus departamentos de marketing. Cuando nos enteramos de esto nos da la risa.
Pero mira, a veces es mejor que sean profesionales los que se ocupen del ‘social media’ del glamour. Por aquello de no meter la pata. ¿Conocen ustedes a Lily Allen verdad? Si, esa, la que canta. Pues parece que la señorita anda un poco alterada con Katy Perry (si, esa, la que también canta) y, en un ataque de furia dospuntocerista se ha unido a dos grupos de FaceBook de denostadores de “la otra” y, para colmo, amenaza con publicar su número de móvil.
Prefiero pensar que no hay un profesional detrás de esta ataque de acné internetero y que ha sido la cantante ella solita la que ha emprendido este absurdo camino hacia el ridículo.
La verdad es que yo sólo veo a un abnegado luchador por el planeta que a la vez es una estrella del rock e incluso un estupendo padre de familia hablando con unas jóvenes activistas sobre cuales son las mejores formas de acabar con el calentamiento global mientras que se refrescan con unas bebidas isotónicas.
Otra cosa es que usted vea a Bono rodeado por dos adolescentes medio desnudas tomando copas en el yate de The Edge.
Esto es lo malo de Internet, claro. Unas sencillas fotos familiares acaban publicadas en FaceBook y tienes un escándalo montado en casa por un error de punto de vista. Cosas del metaverso y la fama.
Y además les parece bien. Esto es fantástico. Dice un informe de Awareness que cerca del 70% de las empresas permite el uso de servicios sociales a sus trabajadores. Así que, señores, mientras leen esto, vayan revisando su perfil que no pasa nada.
La evolución además corre a su favor: el pasado año 2007 sólo un 37% de los jefes toleraba esto del ‘Social Media’ y ahora son más los empresarios sensibles a las actividades sociales de sus empleados.
Si bien la patronal es consciente de que este tipo de usos implica una (vaya sorpresa) pérdida de productividad y que además puede comprometer a la seguridad de la compañía, también son sensibles a los beneficios inherentes a las plataformas sociales. Vamos, que eso que usted hace en Internet de cotillear fotos, ver vídeos y etiquetar a su cuñado, también es bueno para su trabajo ya que mejora la comunicación entre compañeros y ayuda a promocionar y mejorar la imagen de su empresa.
Cuando el de Personal husmee detrás de su pantalla, recuérdele que lo hace por trabajo.
Usted, que es un tipo corriente y moliente, usa las redes sociales para compartir fotos, espiar a su ex y etiquetar a los colegas de la facultad en esas fotos ochenteras. Lo normal, un coñazo.
Pero si usted fuese agente de la CIA, ay amigo si usted fuese agente de la CIA, su vida sería mucho más emocionante y podría entrar en ‘A-Space’, la red social para espías. No se ría todavía, es en serio.
Las 16 agencias de inteligencia de los Estados Unidos (la CIA, el FBI, la NSA…) comparten así una red social privada con lo mejorcito de FaceBook y de YouTube para avanzar con paso firme en su lucha contra el terrorismo global.
Seguro que hay foros de debate interesantísimos sobre Oriente Medio, movimientos de tropas en Asia, pero no me digan que no esperan de una red como esta un grupo de ‘Amantes del Martini batido, no agitado’.
¿Darán invitaciones o se quedarán en beta privada?
El destino es así, juguetón. Cojan a un delincuente juvenil, Tamien Bain por ejemplo. Un chaval que con 14 años entró a punta de pistola en un McDonalds para robar el local después de mantener retenidos a sus clientes pero al que el atraco le salió mal. Métanlo en la cárcel. Algo así como 12 años a la sombra después de ser juzgado como un adulto. Ahora saquen del trullo al angelito y pregúntenle si le siguen gustando los BigMacs. La respuesta es que si.
Ahí donde lo ven, Tamien Bain lleva camino de convertirse en la estrella del año para McDonalds. Las luminarias del marketing de la cadena de comida rápida idearon un concurso para relanzar la imagen de la marca y, ya de paso, buscar un nuevo jingle (una cancioncita) para su hamburguesa estrella.
¿Algo innovador? No, no hace falta. Mejor un concurso en MySpace. Y así recibieron un montón de temas de entre los cuales un jurado de expertos escogió las cinco canciones que se someterían al juicio popular para escoger el nuevo ritmo del BigMac.
Efectivamente, entre los cinco elegidos está nuestro amigo Tamien Bain, que ha aprovechado su paso por la sombra para convertirse en una incipiente estrella del hip hop. Ustedes lo saben tan bien como yo: Bain va a arrasar en las votaciones. ¿Se les ocurre mejor forma de redención?
(Eso si, el jingle es un asco)
¿Verdad que el título parece una obviedad? Pues no se crean, todavía hay quien desembarca en la Red pensando que puede ir tomando el pelo con apenas dos capas de barniz ‘dospuntocerista’.
Si ustedes miran los planes de medios de casi cualquier empresa con tinte moderno verá que la última moda es lanzarse en plancha a las redes sociales. ¿Una buena idea? Casi seguro que si, pero queda una incógnita por despejar: ¿Como se hace bien?
Según un informe de JupiterResearch resulta que la mayor parte de las marcas abren espacios en la Red pero no tienen muy claro que hacer con ellos y así la mayoría acaba fracasando no sólo en términos de audiencia sino, sobre todo, en mediciones de comunidad.
Resulta, he aquí el sorpresón, que aquellos que funcionan son los que se plantean grandes vías de interacción entre sus contenidos y los internautas. ¿No me dirán que no es revolucionario eh? Si señores, no valía con el escaparate, lo importante es participar.

Efectivamente, el futuro de las redes sociales pasa por encontrar su nicho y explotarlo. Pero ¿de verdad hay nichos tan pequeños? Lo que ven ustedes en la imagen es la puerta de entrada a la red social de David Hasselhoff, un rincón en el que compartir espacio con el resto de fans del vigilante más veterano de la playa.
Demencial, si alguno de ustedes se da de alta junto con el chófer del coche fantástico, que nos avise para hacerle una entrevista. FaceBook debe de estar temblando.
Tanto usted como yo usamos redes sociales y vamos dejando un rastro de nuestra personalidad que va configurando nuestro ‘yo digital’ en Internet. En este paseo por diferentes plataformas vamos siendo persona, personaje, trabajador y animal social. En principio eso es lo que “somos” y es nuestra personalidad. Pero ¿todo nuestro rastro es nuestro?
Usted podría responder que “claro que si” con mucha facilidad, pero no se crea, hay alguna empresa que considera que la parte profesional de su ‘yo digital’ es de uso compartido y puede disponer de sus datos con libertad. Eso le ha pasado a un ex empleado de la firma Hays que ha dado con sus huesos ante un juez acusado de usar su perfil en LinkedIn para “robar” clientes.
La empresa le reclama acceso a su cuenta y denuncia que ha hecho uso de información preferente para armar su actual puesto de trabajo para una firma rival. Independientemente de la decisión que adopte el Tribunal de Justicia, el camino abierto por la denuncia compromete la privacidad de los usuarios. Ahora es una empresa la que reclama la entrada en la esfera privada de un usuario argumentando un vínculo laboral.
¿Imaginan que su ex pareja haga lo mismo con las fotos de las vacaciones?