Uno no deja de sorprenderse de lo mucho que nos parecemos todos los seres humanos. De lo mucho que se parecen, por ejemplo, Britney Spears y Rosa Díez. En la traslación del átomo al pixel son ambas muy similares.
Juan Luis Sánchez (léanlo, léanlo) se asombra en su blog de que la candidata de UPyD pueda hacer dos cosas a la vez. Concretamente de que sea capaz de contestar a una entrevista en directo en RTVE y, sin solución espacio temporal, esté al mismo tiempo actualizando su twitter. Y a mi me ha dado por pensar en la cantante de Womanizer que hace apenas unas semanas colgaba una interesante oferta de trabajo buscando un experto en Social Media para llevarle eso tan delicado de la identidad digital.
Si acabamos de descubrir que los políticos (o artistas) no llevan directamente todo su yo en red es que estamos a punto de caer en la cuenta de que en este local se fuma. Y señores, tampoco es grave. A veces es mejor dejarlo en manos de profesionales que hacer el ridículo.
Obviamente seguimos muy lejos de la política dospuntocero, pero vamos avanzando. En este caso el error ha sido de coordinación de agenda. Nada más.
Está claro que el asunto tiene flecos y matices, y así como un discurso puede estar escrito por un tercero, ¿por qué un twitter no?
Pero una cosa es lo que sea asumible y otra distinta es lo que creamos cada uno de nosotros que es aceptable, higiénicamente, socialmente. Hemos alcanzado ya cotas asombrosas en el juego del candidato-marca, haciendo de la persona un todo político, señalando equivalencias candidato=programaelectoral. Ya está asumido, pero creo que todos estamos de acuerdo en que lo asumimos porque es lo que toca, porque en una sociedad de consumo, la política y los políticos también se consumen. Sin embargo, aunque esté asumido, no creo que este juego de artificio sea lo deseable.
Por tanto, no me apetece que sigamos subiendo escalafones hacia la mentira total. No me apetece que en la escala de grises sigamos avanzando hacia el negro. Si Internet estaba aqui para humanizar la política, no creo que debamos apoyar, o asumir, modelos de lo deshumanizado y lo analógico, importados desde un mundo que creíamos que Internet iba a ayudar a ‘purificar’.
Yo quiero que Rosa Díez tenga y use twitter. Y si no puede, no es capaz, no tiene tiempo, que no lo haga. Que el twitter lo tenga UPyD. Y si un twitter de UPyD es mucho menos interesante que un twitter de Rosa Díez hablando en primera persona, lo siento. Habrá que acostumbrar a la gente a escuchar a los partidos y a los programas, y no solo al carisma. Para mí, este medio no justifica el fin.
Eso sumado a que Twitter se supone que está llamado para la interactuación personal, casi íntima, o en todo caso directa. Si un político no es quien maneja su twitter, y ni siquiera advierte de ello, me parece manipular y pervertir la herramienta. “Bueno, pero qué ingenuos sois, ¿realmente creíais que era ella?”. Tengo derecho a que no me mientan, aunque no me estén engañando.
Esa parte me mata. Eres un genio :-)
De cualquier manera, no veo por ningún lado alguna verdadera personalidad (ni políticos, ni “cantantes” –de playback, cómo no–, ni figuras del panorama offline a nivel mundial) que haya comprendido de qué va el juego. Sólo usan internet y redes sociales para autopromoción y de la peor forma posible: no aportan ningún tipo de valor añadido (o información), a veces ni el pobre chaval que se dedica a mantener los perfiles es capaz de responder a las diferentes peticiones que pueden ir llegando de cualquier lado (siempre hay gente que piensa que se trata del ‘político’).
Que los políticos hacen campaña 2.0, se sabe. Que la hagan bien, es otra cosa. Me quedo con quin.tv, al menos eso sí que es un puntazo.
En cuanto a twitter, decir que puede ser una muy buena idea. Sin embargo, mal llevada a la práctica: de nada sirve que alguien mantenga los perfiles a una tercera persona, si el escueto interés reside únicamente en el valor añadido que aporta el “yo” (el real, digo) a la hora de mensajear.
¿Cambiará esto?
¿Y no crees, Ícaro, que es mejor seguir sorprendiéndose y denunciando estas actitudes que simplemente asumirlas como habituales con todo el cinismo que ello implica sobre todo para un periodista? ;-)