Han transcurrido cuatro años, una eternidad en Internet, desde que Chris Anderson publicó The Long Tail, pero él no cree que sus teorías sobre el fin de la dictadura de los gustos mayoritrios necesite una revisión. “No se ha inventado nada nuevo en Internet desde el Pagerank y el P2P, en 1999″. Tras la reflexión llega la sorpresa. Cuando es el mismo editor jefe de Wired el que te dice que odia la tecnología, que está harto de probar gadgets para descubrir una y otra vez que ninguno le satisface plenamente, sobre todo los móviles, dudas si te están tomando el pelo.
Si después es él quien te pregunta si estás de acuerdo, y te das cuenta de que es así, te preocupas. ¿Me dedico a hablar de lo que odio? ¿Hay satisfacción posible en este sector, con la necesidad de versiones ‘mejoradas’ como mantra de quienes lo habitamos? ¿Me dará trabajo ahora que sabemos que hay algo que nos une? Seguro que sí, pero mejor se lo pido después de navidad, que me va a pedir que vuele a Obamaland de inmediato.
La crisis de fe tiene lugar en Ficod. Allí se habla de contenidos, pero se mira de reojo constantemente al hardware y software donde habrán de reproducirse, a los aparatos y programas que muchos productores y gestores de derechos quieren convertir en guardianes de los derechos de autor.
Tranquilo, “no verás mucho más DRM, está muerto, y las discográficas van por el mismo camino si se empeñan en seguir vendiendo copias de canciones” me comenta Gerd Leonhard durante otra entrevista. Se dedica a asesorar a grandes medios y discográficas, como Sony BMG, sobre cómo aterrizar en el planeta digital, e insiste una y otra vez en que los creadores no deben preocuparse por el dinero, por encontrar ingresos, sino por encontrar al consumidor. El gran reto del sector que se reúne estos días en Madrid es encontrar a su audiencia perdida y dispersa por redes que desconocen y en muchos casos desprecian.
Y hablando de desprecio, cómo valorar que el máximo representante de Google en Europa cancele todas sus entrevistas, que cada día sea más complicado hablar con los directivos de una empresa que dice tener como principal objetivo poner a nuestra disposición toda la información mundial. Toda, menos la suya. Lo de los chicos cool que se convierten en semidioses inaccesibles, versión dospuntocero, a punto de caramelo.
Ha habido tiempo para descubrir que hay congresos en los que el WiFi funciona, para recordar que en esta industria no todo es ceguera ante el cambio, para confirmar que tienes compañeros demasiado discretos para reconocer determinados logros en ciertos espacios. También para aplaudir a quienes trabajan para seguir creciendo y además lo consiguen, para preguntarse por qué algunos se quedaron en el camino, para ver como pierdes una entrevista con el capo de la patronal de las discográficas porque tenía que salir corriendo para ver al ministro o al secretario de Estado… Con ellos, con los políticos, deben librar las disqueras su última batalla, la de la regulación y las leyes de los tres avisos. ¿Para que mezclarse con los plumillas cuando la opinión pública está más que perdida? Quizás para trabajarse una rendición honrosa en esta guerra.Todo indica que la tienen perdida.