Sólo había que dar con la fórmula y de nuevo es Apple el que lo ha logrado. Desde hace ya años llevamos en el bolsillo cacharros sofisticadísimos que apenas si usamos. El ratio de uso de los reproductores de música, los navegadores web y demás servicios de Internet en terminales convencionales o smartphones es casi despreciable. Son incómodos, poco intuitivos y confirman la sensación de que al final apenas si hacemos cuatro cositas con el móvil y en cambio llevamos un arsenal de herramientas que lo que provocan es frustración.
El paso necesario era hacer estas funciones sencillas, amables y accesibles sin pasos intermedios. El paso necesario era, sin duda, el iPhone. Según un estudio de M:Metrics, el 84.8% de los usuarios del terminal de Apple navegan desde el su iPhone frente al pobre 13.1% que lo hace desde su cacharro convencional o al escaso 58.1% que padece los navegadores de móviles como la BlackBerry y el resto de smartphones.
La distancia entre el móvil de Apple y el resto del mercado de telefonía es similar en el uso de buscadores o consumo de vídeo y se amplía si lo que buscamos es ente los melómanos. Siete de cada diez propietarios de iPhone escucha música con su chisme, un ratio descomunal comparado con el mínimo 27.9% de usuarios que disfrutan de sus canciones en otros terminales avanzados.
La clave por tanto no estaba en llenar el cacharro de servicios, sino en dedicar el esfuerzo a comprender al usuario y hacerle usable cada herramienta. Garantizar una experiencia de uso satisfactoria consolida la tecnología y disipa la frustración de tener cosas que no usamos. El iPhone no es el terminal con más servicios ni de lejos pero si es la plataforma que hace más hincapié en la mejor experiencia de cada una de ellos.
Y, además, es de las más molonas.