Cualquier historia que implique como personajes principales a un crío de 13 años, su madre, porno, un técnico de soporte y un caballo sólo puede acabar mal. Si no me creen lean esta delirante entrada en la que un profesional de la informática relata su experiencia en una casa a la que fue a echar una mano con la conexión y acabo viendo vídeos de bestialismo sentado junto con una mujer y su vástago adolescente.
La señora, preocupada por las compañías del retoño y sus usos digitales llamó a nuestro protagonista buscando freno a las pasiones pornógrafas del chaval. El técnico, diligente como pocos, bloqueó el acceso a contenidos para adultos, instaló unos filtros y pensó (iluso) que su labor había acabado. Pero no.
En ese momento encontró unas secuencias de sexo animal en la carpeta compartida de Limewire y de repente supo lo que ocurriría. Efectivamente, acabó ‘disfrutando’ del espectáculo familiar.
Así que ya saben, cuando llamen a su técnico de confianza piensen que puede haber tenido un mal día (y sobre todo: aprendan a esconder sus carpetas más sensibles, no vayan a ser cazados por su madre).
Una de los ángulos más satisfactorios de las relaciones sexuales es compartir con la persona amada las fantasías sexuales que nos rondan alguna vez la cabeza. En este momento no soy capaz de pensar en otra actividad social que permita conocer a un ser humano mejor.
Además, extrapolando ofrece una visión de la realidad desmitificadora a la par que nihilista y tronchante. Olvídate del subconsciente, Ícaro: el comic enloquecido y distorsionado de la cotidianeidad ilustra sus viñetas con las imágenes de lo que de verdad pone cachondo a los que te rodean. Explora. Te sorprenderías. O tal vez no (por eso me gustas).