Algunos supermercados están estrenando en Alemania un método de compra por el que sus clientes no tienen más que poner el dedo en un lector para pagar. A pesar de los avances de esta tecnología, no tengo noticia de que España la huella mueva dinero, pero si empieza a usarse para identificarnos. Yo ando estos días estrenando un video-club que en lugar de una tarjeta o número de socio, utiliza un dispositivo de lectura de huellas para identificar a los clientes. El aparato es bastante parecido al de Videorun, y buscando algo más encuentro incluso dispensadores automáticos que recurren a este método de identificación.
La perspectiva de tener que entregar mi huella dactilar en los comercios que frecuento no me gusta demasiado por motivos de privacidad. Para un caso similar al de los video-clubs, la Agencia de Protección de Datos ya dijo en 1999 cuáles eran las precauciones a seguir. Una empresa quiso que sus empleados se identificaran plantando del dedo, y la APD concluyó que “los datos biométricos tenían la condición de datos de carácter personal y que, dado que los mismos no contienen ningún aspecto concreto de la personalidad, limitando su función a identificar a un sujeto cuando la información se vincula con éste, su tratamiento no tendrá mayor trascendencia que el de los datos relativos a un número de identificación personal”?. La huella, así, merece la misma protección que el número de socio del videoclub. Pues vaya.