Desde que era poco más que un proyecto universitario, Google ha sabido mantener una imagen muy diferente a la del resto de compañías del sector. Bajo su premisa de ‘Don´t be Evil’, el gigante siempre ha ofrecido un rostro amable y ha mimado a la comunidad de usuarios que le han aupado a la gloria. Google parece cercano, vamos, que casi ni parece un coloso financiero.
La base de su éxito ha sido siempre la ‘no intervención’. El buscador lleva a gala que si funciona, si tiene éxito, es gracias a la renuncia humana: todo el engranaje de resultados, combinaciones y respuestas se basa en los algoritmos.
Pero ahora estamos inaugurando una nueva fase en la que la implicación de los usuarios juega un papel fundamental y en Google no van a dejar pasar la oportunidad de abrir sus herramientas a la comunidad. En este caso no se trata de permitir mashups de sus servicios, sino de dar voz decisoria a los internautas: Google Translate, el servicio de traducciones del buscador, permitirá a cualquiera ‘mejorar’ los resultados y aportar términos más ajustados al idioma solicitado. Por ahora la nueva herramienta de sugerencias está sólo disponible para cinco idiomas (chino, ruso, japonés, coreano y árabe) y las modificaciones son aprobadas manualmente por Google.
Una imagen un tanto naive de una de las empresas más influyentes del mundo… ¿Se puede tener el poder que posee Google y ser un “alma blanca” como se describe en esta entrada?
Pues va a ser que no… y creo que ya tenemos bastantes ejemplos de hasta qué punto puede manipular la realidad como para venir ahora y decir que no es “evil”. Pretende no serlo (no conozco ninguna marca que sí lo pretenda, aunque alguna sociedad de autores lo parezca), pero de ahí a que nos lo creamos…
Un saludo,
p.
La cuestión es: ¿y por qué voy yo a echar una mano por la cara a una multinacional multimillonaria?