En acuerdo con J.K. Rowling, la editorial francesa Gallimard ha dado marcha atrás y no denunciará al chaval de 16 años que tradujo al francés el último volumen de Harry Potter. Dicen ahora que no lo hicieron por dinero, sino por proteger los derechos de autor de la escritora. La editorial argumenta que dejaron correr el proceso y la investigación contra el joven fan de la saga para recordar a la gente que la piratería daña los derechos básicos de los autores y los creadores.
Me reconocerán que el método educativo de Gallimard es muy innovador: consiste en amedrentar a un seguidor adolescente del niño mago y ponerle contra las cuerdas judiciales para enseñarle a los devotos de Potter que no se juega con los dineros de la autora.