
Todos esos puntos que ven sobre el mapa de Francia son seguidores del candidato conservador a la presidencia de Francia. Nicolas Sarkozy ha emprendido el asedio al Elíseo cubriendo todos los frentes posibles, incluido con mimo Internet. Uno de sus pilares en la Red es el (famoso) blogger Loïc LeMeur que está articulando varias campañas de agitación a favor del candidato de la derecha.
Mientras que algunos candidatos se conforman con el ruido mediático y hacen pamplinadas en Second Life, Sarko tiene una red cada vez más poderosa de partidarios que animan la conversación en Internet a su favor. En ese mapa (de Google, por supuesto) aparecen los más de 80.000 adeptos al candidato que ya participan en su campaña descentralizada en Internet. Por ahora esta batalla del aliento la gana Sarkozy frente a la candidata de los deseos de porvenir.
Este artículo es bastante curioso, y es que hay gente pa “to”
La France, Sarko y los progres
MIQUEL SILVESTRE
Ay, señora, cómo son los franceses. Se la cogen con papel de fumar, pero todo les queda muy chic. Son únicos disfrazando la realidad. Se han pasado la vida disimulando, yendo a lo suyo para acabar despidiéndose a la francesa. Aunque también nos han enseñado cosas muy valiosas, como besar en plena calle y que quede bien, o convertir un buen pintor malagueño en un genio galo. Y qué decir de la diplomacia. En eso sí que son unos maestros: han logrado ser antibelicistas, antinucleares y ecologistas al mismo tiempo que arrasaban Mururoa, hundían el «Rainbow Warrior» y ocupaban Centroáfrica con sus feroces legionarios. Nos dan lecciones de democracia y como niños obedientes se las aceptamos. Y en cuanto a su pasado más negro y reciente, han conseguido ocultar tras la épica de la Resistencia que el régimen de Vichy fue aceptado de buen grado por la burocracia republicana y que, puestos a ser antisemitas, los alemanes no les iban a enseñar nada. Ellos mismos se encargaron de planear y ejecutar sus propios y eficacísimos progromos.
¿Qué piensan ellos de nosotros? Lo que hicieron durante años con los etarras -o, mejor, lo que no hicieron- dice bastante de lo que nos aprecian. Durante tres décadas dejaron que las bestias de Eta llegaran a su santuario, se cebaran con foie, recaudaran dinero, dieran puño en alto su versión de represaliados políticos y luego bajaran a España a asesinar a alguien. Y cuando volvían, champaña, más foie y más puños en alto. Se ve que nuestra democracia era poco creíble y por eso nuestros vecinos permitían que se fuera fortaleciendo con vitaminas de goma 2.
Pero parece que las cosas han cambiado. Igual es que ya no están tan dispuestos a mantener el santuario cuando hay otros terroristas aún peores que nos amenazan a todos. Cuando hay que preocuparse de que no te coma un león, uno ya no está para andar jugando con gatos. Y uno de los que más ha hecho por acabar con ese estado de cosas ha sido Sarkozy, al que se le nota una sincera repugnancia por todos los terroristas. Que le repugnen de igual modo a la fotogénica Segolene Royal no lo tengo tan claro, sobre todo después de que le hicieran la broma del humorista telefónico que se hizo pasar por el primer ministro de Quebec -repitiendo la chanza de Castro que exclamó aquello tan bueno de «¡mariconzón!» cuando un humorista de Miami se hizo pasar por Chávez-. La pobre fue tan ingenua como para afirmar que tampoco pasaría tanto si Córcega lograba la independencia.
Pero resulta que al bueno de Sarko, al que los marginales quemacoches de la periferia urbana desean la muerte en sus raps mientras que los intelectuales ex mayo del 68 le brindan pleno apoyo, le pretenden sacar los colores por un asunto bastante curioso. Unos chorizos de tres al cuarto le robaron el ciclomotor a su vástago. Hete aquí que el vehículo aparece bastante descuajaringado pero ubérrimo de restos biológicos. Y los gendarmes, supongo que para hacer méritos ante el jefe, van y le hacen al cacharro la prueba del ADN para encontrar a los delincuentes. Y los encuentran. Para que vean ustedes lo que mola tener un padre ministro del Interior. Bueno, pensando en Rubalcaba, igual no mola tanto.
Y aquí es donde se lía la de Troya, pues la oposición política de izquierdas -nuestros Llamazares y nuestros Pepiños Blancos- así como la intelectualidad orgánica -nuestros Bardenes- montan el cirio porque acusan al preocupado padre de venal dispendio con los fondos públicos para resolver el caso de un miserable vespino evaporado. Vivir para ver. O sea, los progresistas galos ya dan por supuesto que el robo de ciclomotores ha de quedar impune porque no vamos a ir gastándonos los 300 euros que cuestan las pruebas necesarias sólo para descubrir a un par de rateros, y que lo verdaderamente censurable no es que nuestra propiedad no valga ni el papel de la denuncia, sino que sí se gasten esos 300 cuando se trata del hijo de un ministro. Y yo pienso que, desde luego, el trato de favor es siempre censurable, pero peor que gastar 300 euros en descubrir delincuentes es que se asuma públicamente la siguiente ecuación: robo más investigación es igual a demasiado gasto. Que se jodan, pues, los que se levantan para trabajar y se encuentran sin coche o sin moto. Es mejor darle una «keli» a todos los vagos del universo que paren por Francia.
Y no me tome por iluso, señora. Ya sé que si te roban el coche o la moto puedes darte por jodido y que es inútil pasar por la Comisaría a denunciarlo -si se hace es sólo por el maldito seguro-, pero una cosa es que uno se resigne a la pérdida y otra muy diferente que te lo pasen por la cara con recochineo y encima tengas que seguir pagando impuestos para nada. Ya puestos, que privaticen el servicio antes de que se asuma del todo su inutilidad. Así, cuando vayamos a denunciar que nos han robado el móvil, la moto o el coche, el policía nos podrá preguntar mientras teclea aburrido: «¿Con o sin prueba? Ya sabe que la prueba son 300 del ala».
¿Cuántos aflojaríamos la mosca para verles el careto a esos hideputas que se han llevado nuestras posesiones? Quizá Bardem no, pero usted, señora, ¿qué haría?
Publicado en La Nueva España