Uno de los retos principales a los que se enfrenta Internet es convertirse del todo en un entorno fiable: un lugar en el que comportarnos sin temor a intromisiones de terceros y que logre así que nuestras relaciones en la Red tengan una calidad óptima.
Por ahora este logro sigue pendiente: la gestión de nuestros datos sigue sin estar controlada como debería. En muchos casos la imprudencia es de los usuarios (muy generosos a la hora de rellenar formularios) y en otras ocasiones son las propias compañías las que no tienen muy claro cual es el nivel de privacidad que tendrían que garantizar.
El asunto es cada vez más relevante y tiene aristas que hacen de la gestión de la seguridad personal algo imprescindible. Una educación incorrecta (por parte de sus mayores) puede llevar a un menor de edad a cometer errores desagradables en la Red que harán de su experiencia ‘online’ algo traumático.
El perfil de un depredador de menores se ajusta al de un tipo que se aprovecha de estas fisuras del sistema de datos personales para acceder hasta la pantalla de un chaval. Pero no es tan evidente como parece: lo más fácil es pensar en alguien que rastrea por MySpace, pero la realidad es que esta calaña busca a sus presas en lugares de control menos riguroso: las salas de chat y la mensajería instantánea son los caladeros de esta estirpe de delincuentes.
Según un estudio de la revista ‘Pediatrics’ el 15% de los menores que navegan tuvieron algún incidente de este tipo durante el pasado año y, en contra de la sensación más generalizada, las redes sociales se descubrieron como el espacio más seguro para mantenerse al margen de delincuentes sexuales. Aún así, todavía queda mucho por avanzar.