¿A quien pertenecen los datos? Disculpen la pregunta, pero no tengo clara la respuesta. En una red social, en una página de contactos o en un servicio de empleo la tendencia natural sería a afirmar que la compañía prestataria del servicio se guarda cierto control sobre la información personal, pero el uso demuestra otra cosa.
Al final, los datos sólo pertenecen al usuario.
Miren por ejemplo el caso de Monster que, por segunda vez, se ha visto involucrado en un feo asunto de seguridad. En resumen, tras un ataque han tenido que pedir a sus usuarios que actualicen sus cuentas (contraseñas y datos personales incluidos) ya que podrían haberse visto comprometidos por un agujero similar al que ya les costó un disgusto hace menos de dos años.
La decisión de Monster ha sido la de no avisar de forma directa a los usuarios (con un correo por ejemplo) y tampoco declarar a cuantos de sus miembros ha afectado. Tampoco han dado explicaciones sobre sus pobres sistemas de encriptado y todo se ha quedado en un “Nos tomamos esto muy en serio”.
¿Conclusión? El daño a la imagen (y más siendo una web de empleo) es descomunal y la tendencia de los usuarios será a migrar hacia otro lado más respetuoso con sus datos personales. Al final tener los datos de los usuarios vale de muy poco si no hay una voluntad efectiva de cuidarlos sin zarandeos ni mirones.