Jubilarse joven está bien, de acuerdo. Pero deja tanto tiempo libre que al final empacha. Miren por ejemplo a esos muchachos de Google que fundaron el chiringuito y ahora, gracias a la matemática financiera, andan contando millones y con la agenda libre.
¿Qué hacer para ocupar tantas jornadas disponibles? Ponerse a trabajar. No, en serio, muchos de ellos ahora se dedican al noble arte de la fotosíntesis, pero algunos siguen siendo vecinos de Silicon Valley e intentan volver a triunfar con proyectos propios. De estas incubadoras han surgido proyectos como Twitter, Meraki o el interesantísimo Imo.im. Me queda la duda de si un movimiento como este, de jubilados emprendedores es posible en España.