No hace demasiado tiempo la memoria era cara. Muy cara. Ampliar el disco duro de un ordenador (que tiempos…) suponía un desembolso de cuidado y las primeras llaves USB de almacenamiento medían su capacidad en megas y su precio en decenas de euros. Y así andábamos tan contentos con un lápiz de 32 megas. Una cifra ahora miserable.
No hace demasiado tiempo conseguir pagar por música digital era todo un reto. Lo más sencillo era descargarla a una calidad despreciable y compartirla con la comunidad.
Y ahora en cambio, y en muy pocos años, la memoria está (casi) baratísima y el negocio de la música ya no se basa en la venta de plástico y busca un modelo de rentabilidad basado no en el formato sino en el contenido y sus alrededores monetizables.
Así llegamos a un momento de mercado en el que el precio de la música y de los gigas es mucho más bajo y, visto el panorama, mucho más relativo.
Verán ustedes, hasta Ricky Martin anda metido en el ajo. Kingston, una de las empresas más importantes en el sector del almacenamiento de memoria, ha lanzado una tarjeta de memoria de un giga (junto con un mini lector USB) que viene henchido de música caribeña. Lo que vienen a ser dos temas del señor Martin, un videoclip y unos fondos de escritorio del efebo cantarín.
¿Y cual es el precio del kit de memoria y trova? Pues 10 dólares escasos. Un chollo.
Independientemente del gusto de la oferta (no lo digo por el chaval tropical, yo es que prefiero las llaves USB de 4 gigas), el gesto por parte de ambos actores demuestra que hay cada vez más formas de distribución para la música (ya lo intentó LODVG con escaso resultado sobre una idea similar) que configuran un nuevo espacio de precios.
Buf, de todas formas, a mi me daría bastante cosica ver a Ricky Martin por mi ordenador… aunque bueno, lo importante es la idea.
Un abrazo.