Apenas si faltaban diez minutos para que Steve Jobs pronunciase su conferencia en la pasada MacWorldExpo cuando las pantallas se encendieron para mostrar unos planos de los invitados al evento. La cámara iba por los pasillos, se detenía unos segundos en alguna persona y seguía su camino entre los centenares de asistentes a la charla.
Cuando ya faltaban menos de cinco minutos para que Jobs subiese al escenario la cámara se detuvo frente a una persona que reía a mandíbula batiente, sostenía un iPhone en las manos y el plano fue mucho más largo que el que se dedicó al resto de los presentes. Era Sergey Brin, uno de los dos fundadores de Google.
El presidente de Apple dedicó una parte relevante de su hora de ‘keynote’ a hablar de las nuevas funcionalidades del iPhone y, sobre todo, de su nuevo sistema de mapas. Destacó, de forma enfática, la estupenda colaboración con Google y las diferentes líneas de trabajo que tenían en marcha en común. En las pantallas volvimos a ver a Brin, aplaudiendo mientras que Jobs le devolvía el gesto.
Ayer mismo Brin volvía a confesar su devoción por el teléfono de Apple mientras contaba a un grupo de periodistas lo fantástica que era la herramienta de geoposicionamiento desde este terminal en concreto, toda una declaración de intenciones por boca de una de las máximas autoridades de Google que ahora está precisamente embarcada en Android, su propio desarrollo para móviles.
Brin detallaba que le había sido de gran ayuda para localizar un hotelito en Suiza durante la pasada conferencia de Davos y Jonathan Rosenberg, vicepresidente de la compañía, refrendaba el buen ambiente entre ambas empresas al reconocer que la experiencia de usuario en Internet desde el iPhone era estupenda. Los dos colosos no escatiman elogios mutuos y cuidan una interesante política de guiños, de desarrollos en común.
Mientras tanto, en una galaxia muy lejana, Microsoft lanza una oferta para comprar Yahoo. Los de Redmond están dispuestos a pagar un 60% más de lo que los títulos de la compañía valían en Bolsa al cierre de los mercados el jueves y así desembolsar unos 30.000 millones de euros por una empresa que anunció hace apenas unas horas el despido del 7% de su plantilla. Microsoft, en un gesto sin ninguna lírica, intenta tomar el control sobre un coloso inmóvil que lleva más de un año sin rumbo ni modelo evolutivo.
Dos diferentes enfoques del romanticismo capitalista.
El único servicio del que era fanático y dependiente era jumpcut y ahora van estos y lo compran… y lo que es peor, seguro que lo cierran o le ponen el microsoft password…
Vuelta a casa, vuelta a albergar todo en mi propio servidor… al menos la memoria baja de precio…