El periodismo de papel lleva décadas imponiendo sus horarios. El cierre de estos medios y su rutina en los kioscos eran el reloj por el que se regían el resto de empresas informativas, pero Internet está confirmando su sacudida también sobre el papel.
La última prueba nos la regala el New York Times, cuyos periodistas no deben estar pasando su mejor semana a la vista de los cambios que se les avecinan.
El editor del periódico acaba de anunciar a la plantilla que la reunión de primera cambia de horario y pasa de celebrarse a las 16.00 a empezar justito a las diez de la mañana. El madrugón no es gratuito y responde a la necesidad de dejar que Internet coja su propia velocidad para que los periodistas del papel puedan aprovecharla y no frenen a la redacción digital con sus servidumbres horarias.
Según el propio Bill Keller de esta forma el periódico en su conjunto podrá pensar mejor en la edición digital desde primera hora del día y acelerar el proceso de toma de decisiones para ayudar así a sacar adelante de la edición de papel a un ritmo más pegado al reloj que marca la actualidad y no las pautas rutinarias.