Pues si, el marketing va tomando caminos cada vez más peregrinos. Sumen al panda rojo del Nepal y al aceite de girasol dominicano un billete hacia la inmortalidad y verán como efectivamente hay dinero para invertir en promoción, pero lo que escasean son soportes innovadores. Porque no me dirán que un billete a la inmortalidad no es un pedazo de oferta.
Bueno, realmente no es para tanto. Verán Richard Garriott, el legendario diseñador de videojuegos de cuyas meninges ha salido ‘Tabula Rasa’ se va a dar un paseo espacial. Garriott será uno de los afortunados en subir a la Soyuz y, puestos a hacer el viaje, qué menos que llevar compañía.
La idea de Garriott (tampoco se amontonen) es que los jugadores de su título se sumen a la ‘Operación Inmortalidad’ cediendo su ADN para que este sea digitalizado. Así Garriott podrá llevarse al espacio una cápsula con los códigos genéticos de sus seguidores, a los que promete alcanzar las estrellas.
Menos es nada.