“Es como tener al Gran Hermano mirándote por encima del hombro” dice Andy. “Si quisieras ir al aseo y fueras tendrías que pensar ‘¿he hecho lo correcto? ¿debería haber avisado a alguien?’ añade”.
Esto es lo que pasa cuando le pones un GPS a un conductor, que los datos del dispositivo cuentan sólo la mitad de la historia y el pobre Andy ha sido despedido después de 24 años de trabajo. La denuncia ha prosperado y, al menos, ha ganado el caso.
Pero abre un debate puntiagudo: ¿en pos de la eficacia no estaremos vulnerando el derecho a la intimidad?
Es que la privacidad debería estar por encima de la vigilancia. Sí, eso suena a obvio en plan “capitán obvio” pero ahora cambiemos “vigilancia” por “gran hermano”, “productividad”, “eficacia”… Creo que viene a ser lo mismo pero maquillado al estilo empresarial.
Buenos tiempos aquellos en los que sólo existían los móviles cuando realmente nos convenía. Una pena, no llegué :P