
El metaverso no es ni mejor ni peor que la realidad, sólo es una extensión virtual de la misma a la que trasladamos nuestro talento, pero también nuestra miseria, sino es difícil de explicar que Le Pen se haya hecho un hueco en Second Life. Su grupo, el ‘Front National’ ha abierto una sede en un centro comercial de este pequeño universo y anda reclutando fieles a su causa de extrema derecha entre los jugadores de SL.
Afortunadamente las virtudes cívicas también tienen forma de píxel y Nicolas Mircovich ha sido el primero en rebelarse contra Le Pen en esta nueva arena política. Mircovich abrió su cuenta en SL justo después de enterarse de que Le Pen andaba por allí e intentó rápido contrarrestar su presencia creando una pancarta ‘antiFN’ que regaló a todo aquel que se la pidió. Una decena de personas le preguntaron por su campaña y al día siguiente, cuando volvió a conectarse, un colectivo de unas 30 personas formaba el primer grupo que pedía la expulsión de Le Pen de SL con una manifestación a las puertas de su sede virtual.
En apenas unas horas los seguidores del ultraderechista habían limpiado la calle y recogido todas las banderas de repulsa que los manifestantes dejaron en la zona, habían ido más lejos prohibiendo a Mircovich la entrada en el edificio, el mero paseo por su acera e incluso le han vetado para sobrevolar el espacio que ocupan. Pero Mircovich (que en el mundo real recoge cuarzo en las cumbres de Los Alpes) no se va a quedar callado y ya está organizando otra movilización contra la presencia de Le Pen en Second Life.
Su causa es noble, pero si el metaverso es una realidad paralela que bebe de nuestra realidad física ¿no debería también haber hueco para nuestros extremos políticos, para nuestras zonas oscuras, en Second Life? ¿Hasta dónde podemos estirar las costuras políticas de nuestra polis virtual?