“Prometo una revolución cultural en el servicio público de televisión que será financiada por un impuesto en los mayores ingresos de los canales privados y los beneficios generados por los nuevos medios de comunicación tales como Internet o la telefonía móvil”
El novio de Carla Bruni
El presidente de la República Francesa dio ayer su primera rueda desde el Elíseo y nos regaló un montón de perlas, pero sin duda esta es de las mejores. La frase no es del todo textual, pero la idea es evidente: Sarkozy ha decidido quitar la publicidad de los dos canales de televisión públicos y va a financiar su iniciativa inventándose un nuevo impuesto sobre el uso de Internet y los servicios móviles.
El poder de la televisión es impresionante, su capacidad de influencia es incontestable. La fascinación del Poder por la televisión pública también es sonrojante: no hay Gobierno que no haya intentado ponerle la zarpa encima.
Pero la televisión convencional está en el final de su ciclo y contribuir a alargar la agonía del modelo (y más desde los canales públicos) es una temeridad. Si además se toma la decisión de insuflar dinero a estos medios pagados con los impuestos de todos inventando nuevas tasas, la insensatez empieza a ser ya grave. El último paso de la inconsciencia es hacer pagar este arancel al medio que va a sustituir a la televisión.
La decisión de Sarkozy de pagar la televisión pública imponiendo un peaje a Internet y a los móviles es un error político, es el gesto de un Presidente que protagonizó una gran campaña en la Red y que, sentado en el Elíseo, va a seguir financiando el pan y el circo del siglo pasado.