La democratización del acceso a la cultura es algo fascinante: ahora gracias a los sistemas de recomendación no tenemos porque ver toda esa basura que echan por la televisión. Es más, podemos encontrar alguna joya estupenda en la Red.
O podemos seguir tragando con lo de siempre, claro.
Tenemos la oportunidad de escoger cualquier contenido entre un número descomunal de nuevas y viejas fuentes y ¿Qué triunfa? Pues lo de siempre: un niñato rubio.
Justin Bieber ha arrebatado a Lady Gaga el trono de YouTube con la escalofriante cifra de 250 millones de visualizaciones de sus vídeos en la demostración evidente de que la libertad de elección no asegura el triunfo de los mejores.
Alguna enseñanza se puede rascar: la Industria del ocio se reconvierte a buen ritmo. Ahora empiezan a ser una máquina imbatible de generación de objetos sociales recomendables. Antes escuchábamos niñatos rubios por su omnipresencia en los medios convencionales, ahora escuchamos niñatos rubios por la insistencia de nuestros contactos en la Red.