La teoría de la conspiración es lo que tiene, que te la encuentras en los sitios más insospechados. Un altar por ejemplo. Desde hace ya tiempo hay cierto runrun alrededor de Google y la enorme cantidad de información personal que trilla sobre nosotros mientras que usamos sus herramientas.
La verdad es que no consigo que el tema me preocupe, y es más, me fascina el abanico de posibilidades de interacción que abre un sistema que nos permite compartir con los nuestros un montón de datos en red sin ni tan siquiera molestarnos en hacerlo de forma activa.
Miren el caso de David y Bergin Boyle, una joven pareja que ha montado su boda entera a través de Google usando casi todo el catálogo de servicios del coloso: Docs (públicos y privados), Pages, Gmail, Maps, Picasa y hasta Analytics.
A los novios se les nota contentísimos con el sistema y así pudieron controlar un montón de variables sobre el evento, los invitados y la gestión del enlace. Pero claro, así han convertido a Google en un invitado más a su día más feliz. Sin duda es el buscador el que más datos tiene sobre la pareja ahora mismo y el que, sin duda, acertaría con el regalo que llevar al convite.
Que miedo me dan estas cosas, acabarán sabiendo lo que soñamos mientras dormimos…