“Un dispositivo portátil de audio conveniente para reproducir información codificada en MPEG y que incluye una pluralidad de entradas, capacidad para almacenar de datos, una pantalla, una salida de audio y, al menos, un procesador y una batería.”
Esto que a usted y a mi nos parece una definición de un reproductor multimedia resulta que es una patente. Y, se lo temían tanto como nosotros, esto es un problema.
Esta patente peregrina llevaba registrada desde el remoto 1997 pero se ha despertado hace apenas unos días. Texas MP3 Technologies compró los derechos a sus dos propietarios coreanos el pasado 15 de febrero y apenas un día después presentó una denuncia contra los tres gigantes del mercado: Apple, Samsung y SanDisk por violación voluntaria de patente. La demanda no es inocente, al recalcar que las tres compañías vulneraron el registro de forma ‘voluntaria’, se reclama una sentencia más severa contra los ‘culpables’ y esto justo unos días después de que Microsoft haya tenido que pagar 1.100 millones a Alcatel por el abuso de una de sus patentes sobre la tecnología MP3.
Una vez más, autorícenme a sospechar de la buena fe empresarial de la compañía demandante y duden conmigo de que tanta patente sea útil para nadie. Al final ni protege la investigación ni garantiza la calidad, en casos como éste (y son muchos) sólo se convierte en un lastre para los que realmente mueven el mercado y crean economía.
Sí, yo hice una patente que dice lo siguiente “caja de importantes dimensiones, con pantalla y botones. Útil para enchufar un cable y reproducir imagenes. Puede trabajar con electricidad. Y también puede tener un control para manejar a distancia y ver así programas que algunas señales pueden emitir.”
Me voy a forrar. Mañana mismo voy a la ofina de patentes y marcas y voy a patentar la estupidez humana. Tengo calculado que la mitad del humanidad debera pagarme un canon.Otra patente “inteligente”