En las librerías se pueden encontrar muchos volúmenes de correspondencia. Leer las cartas que otros escribieron es una forma de acercarse a ellos y conocerlos. A su muerte los escritores dejan tras de si enormes cantidades de papel que hay que cribar, archivar y catalogar para decidir que sobrevive al frío y se entrega al público.
Así, podemos leer lo que Camus escribió para sus lectores, pero también lo que le reservó en vida a sus más cercanos. La decisión la tomaron aquellos que le sucedieron en el tiempo.
Pero ¿qué pasa cuando el autor de un ‘blog’ muere? Si, la pregunta es siniestra, pero se la han hecho Darren Rowse y Eric Guigere obligados por la certeza de que de sus escritos viven ellos, pero también su familia. ¿Puede un ‘blog’ sobrevivir a su autor? ¿Puede seguir dando ingresos algo que no actualizarán ya las mismas manos? Ambos piensan que si, que es posible sacarle rentabilidad suficiente, al menos durante un tiempo, a una obra frenada en un universo, como el de la Red, que no para de acelerar. ¿Y cómo se obra el milagro? Fácil, con planificación y publicidad contextual.
No se pierdan estos dos extraños testamentos vitales. Para cuando ustedes falten y la añoranza les sea rentable a los suyos.
¿84 Charing Cross Road, por ejemplo?