
Si tenían ustedes alguna duda de las cotas de aburrimiento que ha alcanzado el hombre blanco, quédense con la cara de este tipo de la imagen y compartan con nosotros el estupor. Resulta que el caballero, harto de gastarse un pastizal en comida y aburrido de lavar platos y pensar menús ha decidido replantear su dieta alimenticia y, lo que es mejor, contárselo al mundo en una bitácora.
El experimento no tiene mucha complicación: una semana entera comiendo pienso para monos (para grandes simios) y analizar día tras días los efectos que la comida seca tiene sobre su organismo. Casi ha cumplido el reto, pero se está dejando la piel en el intento. Su idea de reducir los costes a menos de un dólar al día y ahorrarse además limpiar cacharros le está pasando una factura (perfectamente merecida). ¿Recuerdan “˜SuperSize Me“™? Pues cambien la carne picada por bolitas marrones y se harán una idea del calvario (posmoderno y occidental) por el que está pasando Adam Scott.
No se pierdan ni su página, ni su blog, ni todos los vídeos en los que se ve su decadencia a lo largo de estos últimos días.