
Era jueves, era el último día de un verano de prácticas, y andábamos todos los becarios algo alicaídos por la redacción del 32 de Gran Vía. Con el mes de septiembre se acababa ese tiempo fabuloso que pasamos trabajando en la SER y teníamos un nudo en el estómago.
Al salir de la reunión de la tarde, Charly pasó por donde andábamos y nos pidió que fuésemos nosotros los que escogiéramos la música que sonaría en Hora 25. Para aquella promoción Llamas fue un maestro burlón al que conocimos en la redacción y disfrutamos en muchos bares. Esa noche justo antes de la tertulia sonó ‘Sympathy for the Devil‘ como homenaje, como pequeño guiño de gratitud.
Con los años tuvimos la suerte de sentarnos a su lado y compartir un montón de tardes retocando las fotos de sus críos. Esos años fueron un lujo, sentirse cerca de Charly era un honor.
Es imposible encontrar palabras adecuadas para recordar la inmensa humanidad de Carlos Llamas. Hoy la radio y el periodismo tienen que estar muy tristes y los que amamos a una y a otro tenemos un vacío que sólo se puede llenar con el recuerdo, cercano y cálido, que dejó Charly de forma especial en aquellos que tuvimos el privilegio de conocerle. Un abrazo, amigo.
Hay una canción muy linda que tan bien sirve para vender coches como para despedir, en mi memoria, a una de las personas que más me han hablado al oído ya bien entrada la noche. Se llama Meravigliosa creatura, y la canta, mejor lenta que rápida, Gianna Nannini, como bien sabrás tú que siempre lo sabes todo antes que yo, maestro.
Ojalá hubiese muchos como él, pero no los hay. Descanse en Paz.