No hace más de diez días que reseñábamos por aquí los problemas a los que Sony se está enfrentando en un mercado feroz como el suyo. Hoy el gigante ha presentado sus previsiones de negocio para este año y parece que se imponen las rebajas. El batacazo de las baterías va a pesar como el plomo en los resultados de la empresa que se verá obligada a reclamar más de 9 millones de unidades. Si bien este reajuste podría estar ya descontando desde el trimestre anterior, lo que no tiene remedio ya es el daño de imagen que estas baterías explosivas han hecho a la marca: las reclamaciones de Dell, Apple y otras se han dejado oír sin que Sony haya sabido dar una respuesta eficaz en tiempo y forma.
En el otro área de negocio de vital importancia para Sony el horizonte tampoco se presenta despejado: la división de videojuegos no carbura como habían previsto y le fallan dos piezas fundamentales: por un lado la PSP se vende menos de lo que se esperaban y por el otro el retraso de la PS3 en el mercado europeo le regala una ventaja comparativa incuantificable a sus rivales de Nintendo y Microsoft.
Según los cálculos de la compañía, la división de videojuegos podría entrar en beneficios para el primer semestre de 2007 y éste motor a pleno rendimiento podría maquillar los resultados de toda la empresa. Pero antes tendrán que sortear un error de planificación: el ritmo de fabricación de la PS3 no es el esperado y apenas si llegarán a la fecha de lanzamiento con cuatro millones de unidades (en el mejor de los escenarios). Esta cifra podría ser muy corta si se cumplen las previsiones de venta de los mayoristas que esperan ventas muy superiores a las unidades fabricadas. Este nuevo desajuste vuelve a dañar el flanco que Sony tiene más golpeado: su imagen pública.
Si bien los resultados financieros de la empresa acabarán arrojando beneficios (se trata del segundo coloso del mercado mundial), lo que tiene peor remedio es volver a caer simpático.