Asumir un proyecto editorial es ante todo una labor de respeto. La ligereza no suele ser una virtud cuando uno pone su palabra en juego y contrae la responsabilidad de ser constante y atento con sus lectores.
Todos tenemos un conocido que abrió un ‘blog’ y lo dejó caer en el olvido pasado el primer furor o que se lanzó, espoleado por una insustancial verborrea, a publicar con entusiasmo hasta secarse tras la primera oleada de fama. Y esto, señores y señoras, es un fracaso.
Que fracase un cercano es reseñable pero, lamentablemente, también es la norma (hagan recuento) . Que fracase un cargo político es más relevante: su fracaso es público y, sobre todo, es la prueba luminosa de que no se tomó la tarea demasiado en serio. Retirados los focos el compromiso se diluyó y cundió la pereza.
El pasado 12 de septiembre los medios de comunicación fueron convocados a la Asamblea de Madrid para asistir a la reapertura del curso político tras las vacaciones. Aprovechando el evento, se presentó el ‘blog’ de la presidenta de la Cámara. Elvira Rodríguez inauguraba un espacio tan lleno de buenos propósitos como cabía esperar (un lenguaje fresco, un espacio para la polémica, un lugar en el que contar el día a día de la institución… lo de siempre).
Han pasado cuatro meses y créanme, el fracaso es rotundo. Del compromiso de Elvira Rodríguez de publicar cada semana un artículo no ha quedado ni rastro: el último que se puede consultar es del 5 de octubre y apenas si era el tercero (siendo muy generosos) de esta efímera serie de entradas. Sacar la conclusión es fácil: el respeto por los ciudadanos le duró a la presidenta Rodríguez menos de un mes y poco más de 50 líneas.
Apenas si esperó a que salieran los periodistas de la sala para dar por finiquitada su voluntad de mantener un ‘blog’ que, y esto es totalmente lamentable, puede seguir consultándose desde la portada del web de la Institución pública que preside.
Estamos en periodo de rebajas electorales y los partidos trufan su discurso con toda suerte de baratijas digitales que debemos mantener en cuarentena. ¿Durarán las bitácoras? ¿Sobrevivirán los perfiles? Si el ejemplo es Elvira Rodríguez la respuesta es fácil: Internet les vale para poco más que sacarse la foto. Sean exigentes.