La reina de la casa está en mitad de un asedio del que no parece demasiado fácil salir con la bolsa llena. El crecimiento de Internet (y del sector de las nuevas tecnologías) no había, hasta ahora, enseñado los dientes a la televisión, pero el cambio en las pautas de consumo está empezando a arañar al mueble más importante del salón.
A la evidencia de que cada vez vemos más la tele con el portátil en las rodillas, se empieza a consolidar una tendencia nueva: vemos la tele después de hacer otras cosas. Concretamente, vemos la tele cuando hemos apagamos la consola de videojuegos. En el recién publicado ‘State of the Video Gamer’ de Nielsen se destila un nuevo tipo de televidente : jugones que disfrutan de la 360 o la PS3 durante el prime time televisivo y que ven los programas que les interesan más tarde del horario estrella gracias a los sistemas de grabación que les permiten consumir a su gusto y no al del programador.
Lo que parece evidente es que el horizonte publicitario se pone cada vez más cuesta arriba para la televisión convencional, pero por ahora tampoco hay un relevo que esté recogiendo esa inversión: ni plataformas como YouTube han inventado la pólvora ni los videojuegos están explotando de forma consolidada la inserción de publicidad ‘ingame’.